jueves, 14 de junio de 2012
En ascuas el estatismo en las economías de libre mercado
Tiempo de descuento para régimen de la Habana
lunes, 13 de febrero de 2012
Recluso bajo régimen de castigo por exigir tratamiento médico
por Yusnaimy Jorge Soca
5 de febrero de 2012
La Habana. A escasas semanas de la injustificable muerte del opositor Wilman Villar, tras una huelga de hambre de 50 días, otra madre cubana sufre el temor de que las autoridades carcelarias le maten o dejen morir a su hijo en la cárcel. Su preocupación se basa en la frecuencia con que ocurren en Cuba casos de reclusos que mueren por situaciones prevenibles y a consecuencia de los tratos crueles que de modo sistemático se aplican en el sistema penitenciario.
El joven Dariel Garrido Campos, pasó dos meses en la prisión de Quivicán, en la actual provincia Mayabeque, exigiendo a los militares el tratamiento médico que le indicó el cardiólogo para contrarrestar la descompensación de sus padecimientos de hipertensión arterial, cardiopatía isquémica e hipercolesterolemia. Como se negaron a darle las medicinas, el pasado 16 de enero optó por plantarse en huelga de hambre y coserse la boca con un alambre.
La respuesta de los carceleros fue aislarlo en una celda de castigo, sin colchón, ropas, agua ni asistencia médica. Antes le descocieron la boca a la fuerza con una pinza y le propinaron una golpiza salvaje. En esas condiciones lo mantuvieron por dos días y posteriormente lo trasladaron castigado para la prisión provincial del Combinado del Este, donde se encuentra confinado en el ala norte, segundo piso, del edifico 2.
En el Combinado tampoco ha sido llevado al médico ni le entregan los medicamentos prescritos. Y los guardias del penal le comunicaron que su estancia es temporal, ya que la orden de los superiores es enviarlo lejos de la Habana, para alguna cárcel de las provincias orientales, en represalia por sus reclamos.
A los 28 años de edad, Dariel Garrido purga una condena de 42 años por delitos comunes, de los que ya ha cumplido 5. Le ha confesado a su desesperada madre, Gisela Campos Pérez, que las condiciones de su encierro son infrahumanas, que convive hacinado junto a los demás reclusos en las galeras, donde las condiciones de higiene son deplorables, y abundan las ratas, moscas y mosquitos. Se queja de que la alimentación es pésima, poca en cantidad y mal elaborada. Además, que los militares son abusadores y maltratan y golpean a los presos por cualquier motivo.
La Sra. Gisela teme por lo que pueda suceder con su querido hijo. Reclama ante las autoridades de cárceles y prisiones que termine el castigo, y que le faciliten el tratamiento médico que él requiere. Exige que no lo trasladen lejos de la Habana, lo que haría más martirizante el contacto familiar. Y alega que su muchacho está pagando con su libertad por los delitos que cometió, pero que como ser humano merece un trato digno y condiciones adecuadas de reclusión, por lo que aspira a que no lo dejen morir y que garanticen su vida, aunque sea detrás de las rejas.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Justicia, no más impunidad
Dr. Darsi Ferrer
24 de enero de 2012
La Habana. Wilman Villar ha sido asesinado. No puede calificarse de otro modo el acto de encerrar en una fría y mugrienta celda de castigo, sin agua ni asistencia médica, a un hombre desnudo y debilitado por la hambruna. El deterioro irreversible de su salud durante los 50 días que pasó en huelga de hambre, contó con el apoyo del desamparo, las más que probables palizas y la indiferencia de quienes lo custodiaban y se esforzaron en quebrar su posición ética de rechazo a la injusticia cometida contra su persona.
Era un joven lleno de vida, que con su muerte prevenible dejó abandonadas a su esposa y dos pequeñas niñas de 5 y 7 años. Su delito fue reclamar respeto a los derechos humanos y libertades ciudadanas.
Razón suficiente para ser merecedor del odio, el desprecio y castigo de la junta militar que mantiene secuestrado el poder en Cuba e implementa una política de terrorismo de Estado para sojuzgar al pueblo.
Más no constituye un hecho aislado, sino que resulta apenas otra víctima de un Plan de eliminación física de opositores que, en años recientes, incluye la muerte de Orlando Zapata Tamayo, Wilfredo Soto y Laura Pollán. Además, está fresco el recuerdo de los crímenes perpetrados con el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo en las afueras de la Bahía de La Habana, el derribo en aguas internacionales de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate por aviones militares, la muerte en total abandono de decenas de enfermos mentales en el Hospital Psiquiátrico de la Habana, y el arbitrario y expedito fusilamiento de tres jóvenes negros que secuestraron una lancha en el intento de escapar de la isla.
Ante esta cadena de asesinatos la comunidad internacional ha reaccionado con pasividad, y hasta complacencia. En los últimos tiempos, solo en las prisiones cubanas se reportan muertes de reclusos en huelga de hambre. En ninguna otra nación del continente ocurren situaciones tan deplorables, ni siquiera en la cárcel de la Base Naval de Guantánamo. La dictadura militar argentina jamás ordenó golpear a las Madres de Plaza de Mayo, mientras las Damas de Blanco sufren todo tipo de agresiones por parte de la policía política. Cualquier intento de ejercer derechos elementales de reunión, asociación o manifestación es reprimido con brutalidad policial, arrestos arbitrarios y las golpizas protagonizadas por turbas progubernamentales que obran con total impunidad. Más de cien mil cubanos languidecen en las prisiones bajo régimen de torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes, sin el amparo de las normas de reclusión establecidas por la ONU.
El régimen de La Habana ha perdido toda legitimidad. Sus abusos y acciones represivas contra la población lo hacen similar a las repudiadas dictaduras del Medio Oriente. Tanto el gobernante sirio Bashar Al Assad como Raúl Castro en Cuba desconocen la voluntad popular, desprecian a sus pueblos y están dispuestos a aplastar mediante la fuerza cualquier reclamo que les cuestione su presencia vitalicia al frente del poder.
La aceptación de la junta militar de La Habana en foros internacionales, como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mancha la credibilidad de esas instituciones. Los gobiernos latinoamericanos y caribeños, que en su momento repudiaron las dictaduras militares establecidas en Chile y Argentina, deberían ser consecuentes y rechazar al régimen dictatorial de la isla. La OEA terminó desechando la suspensión de Cuba promovida por el gobierno de los EEUU. Sin embargo, no condena con firmeza los crecientes desmanes de la dictadura antillana. El dinero depositado por La Habana en la Banca internacional se utiliza en gran medida para satisfacer los lujos y vida aburguesada de la élite gobernante, además de financiar el tenebroso aparato represivo y de sojuzgamiento del pueblo, que cada día es obligado a soportar el incremento de la pobreza y de sus necesidades más elementales.
Resulta intolerable que en pleno Siglo XXI Cuba sea la única nación privada de democracia en todo el hemisferio occidental. En el actual clima de terror e impunes injusticias, la Oposición pacífica seguirá su sacrificada labor por la libertad del pueblo y la instauración en el país del Estado de Derecho. Los gobiernos e instituciones del mundo libre están llamados a superar las protestas morales y contemplaciones, y adoptar enérgicas condenas políticas y sanciones económicas contra el oprobioso régimen de los Castro. Al menos, hasta que cese la represión, legalicen el multipartidismo y se convoquen elecciones libres. No más sangre de inocentes, no más indolencia ni desesperanza. ¡Libertad!
sábado, 31 de diciembre de 2011
Myanmar, la lección asiática
Dr. Darsi Ferrer
26 de diciembre de 2011
La Habana. Si hace solo unos meses tomó por sorpresa a la comunidad internacional los estallidos sociales en los atrasados pueblos árabes del Medio Oriente, que dieron por resultado el derrocamiento de algunas dictaduras y las sacudidas de otras que tratan de perpetuarse adoptando reformas democráticas, igual de insólita resulta la deriva en Myanmar, donde la junta militar se ha llamado a capítulo y lidera un inesperado proceso de desmonte voluntario del sanguinario régimen mediante la aplicación de medidas liberalizadoras.
En el país asiático la junta militar gobernante traspasó el poder a un grupo de civiles, hecho que constituye una novedad de inusual racionalidad entre las viejas dictaduras que se resisten a los cambios impuestos por los nuevos tiempos. Y aunque el estrenado gobierno de transición cuenta con la inquietante presencia de antiguos altos oficiales del ejército, ligados al despotismo y a la recurrente historia de maltratos e injusticias cometidas en esa nación desde el golpe de Estado en 1962, sus actuales reformas liberadoras son un verdadero estímulo para la esperanza de una evolución pacífica hacia la democracia y el Estado de Derecho. Se trata, pues, de un paso pequeño de gigante influencia.
La libertad de prensa y acceso a Internet han sido permitidos en gran medida, así como el derecho de huelga y el fin del monopartidismo encabezado por el siniestro grupo castrense, aupados alrededor del Consejo de Estado Para la Paz y el Desarrollo. Y aunque en un principio habían prohibido que participaran como candidatos a las elecciones más de mil líderes y figuras prominentes de la otrora ilegalizada Liga Nacional para la Democracia, pronto esa proscripción cesó legalmente.
La figura más destacada de la oposición, la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, a la que negaron una victoria aplastante en los comicios pluripartidistas de 1990, castigándola con el encierro y estrecha vigilancia, ahora goza de plena libertad para competir por la presidencia de la nación. Ella representa el más preciado valor de honestidad y entereza moral para la actual Birmania que el mundo progresista desea ver en funciones. Sus credenciales de líder natural quedaron ratificadas con la reciente visita de la Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. El encuentro personal de la alta funcionaria con la líder opositora fue cálido y muy estimulante para el futuro desarrollo del proceso democrático aún en ciernes.
Sin embargo, la situación de Myanmar es grave. El proyecto de transición llega rodeado de múltiples y peligrosos escollos. Por años la prolongada y brutal dictadura militar causó abusos y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Los militares son responsables de atropellos y asesinatos de poblaciones enteras, y no sólo de la mayoría birmana. El ejército llevó a cabo asaltos y violaciones de mujeres y niñas de minorías étnicas, como los Shan y Karen, obligándolas al cautiverio. Esas crueldades provocaron respuestas armadas de diversas guerrillas y, en la actualidad, se reportan graves enfrentamientos militares. Como consecuencia natural de este estado de desorden, también surgió un creciente tráfico de drogas por las tierras altas del norte del país, situación que genera guerras de pandillas y agrava la corrupción de funcionarios y poderes públicos.
Además, aún está fresca en la memoria de ese pueblo la violenta represión del gobierno militar en el 2008. Ocasión en la que miles de sacerdotes budistas salieron a las calles a protestar pacíficamente en apoyo de las manifestaciones populares por la falta de democracia y fueron perseguidos, apaleados y encerrados en prisiones. No pocos terminaron torturados y asesinados, y sus cadáveres arrojados en medio de la vía pública como escarmiento.
Las bases de brutalidad, desorden, guerra y violación de derechos es una herencia onerosa que recibe la incipiente y débil sociedad civil birmana. El reto aumenta en la delicada transición cuando los militares constituyen la misma fuerza elitista que formó parte importante de una tradición de golpes de Estado desde el mismo origen comunista de esa nación asiática, apenas liberada del colonialismo británico. El modelo totalitario salido de ese proceso de incivilización fue uno de los pupilos preferidos de China, el que quedó integrado a su esquema de “área de influencia” de la Guerra Fría en la península indochina.
No obstante, al vetusto proyecto de política exterior china le ha caído carcoma. Su fragilidad es evidente frente al cambio de la estructura geopolítica, y sobre todo social, en el mundo. Se puede afirmar que buena parte del cambio de rumbo de última hora del generalato birmano parte de una ágil reacción ante los inesperados sucesos y evolución de los autoritarismos tradicionales de la zona de Medio Oriente y el Norte de África. Con buen tino, los castrenses tragan el buche amargo que les empuja la historia de la nueva época globalizada. A causa de fuerzas imprevisibles que irrumpen en el presente, despotismos asentados por décadas tienen un final brusco e inadvertido, gracias a algo que apenas hace una década parecía remitirse a un pueril y despreciable manejo de artefactos electrónicos.
Los mandarines chinos son los más sorprendidos con esa reacción de sometimiento de su pupilo a la cruda realidad contemporánea, dejándolos en la estacada. Más no sólo a los generales birmanos persiste en aparecerse el cadáver macerado del dictador Muanmar el Gadafi. De repente, los mandamases del Partido Comunista chino encuentran una acelerada y espontánea redistribución del orden mundial donde empieza a primar el orden civil, la desideologización y las libertades públicas. Perspectivas en las que pierde asidero el modelo imperial por el que apostaron para su permanencia infinita en el poder, y base de su proyecto hegemónico de futura primera potencia global. La buena noticia para el pueblo chino es que su país no está exento de esos cambios, pese a las maniobras que pueda emprender la élite gobernante.
Myanmar inicia hoy un duro camino para intentar la reconciliación nacional, el regreso de los militares a los cuarteles, y dar los primeros frágiles pasos hacia una democracia, el respeto de los derechos de los ciudadanos y el fomento libre de la economía de un pueblo trabajador y con una gran tradición histórica y cultural.
Al otro lado del mundo, los ancianos cabecillas de la también anquilosada dictadura militar de los Castro deberían tomar ejemplo de la prudencia emprendida por sus colegas asiáticos. En el actual contexto político los cambios no pueden limitarse a meras medidas cosméticas, sino de peso, tal como asumen en estos momentos los gobernantes birmanos. El proceso mundial de la Globalización es imparable y las señales de sus cambios de mentalidad y estructuras comienzan a aparecer también en la isla del Caribe, sin esperar lentas autorizaciones burocráticas o dubitaciones de ancianos con ínfulas dinásticas para sus retoños. El tiempo pasa y la nación que no reciba su libertad de manera civilizada, firme y segura, la conquistará de otras maneras.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Mensaje al Pueblo de Cuba: Día Internacional de los Derechos Humanos
por Dr. Darsi Ferrer
8 de diciembre de 2011
La Habana, Cuba. Como ya es tradicional desde el 2006, saldremos a conmemorar el Día Internacional de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre, con una marcha en el parque Villalón del Vedado, sito en Calzada, entre D y E. La Marcha comienza a las 11:00 de la mañana, en silencio, sin carteles ni consignas.
En las ocasiones anteriores las autoridades del régimen han apelado a la violencia mediante turbas agresivas que golpean a los participantes, además de los arrestos arbitrarios y las amenazas. Insistimos en esta acción por la necesidad que tenemos todos los cubanos de desmontar la violencia, el odio y la intolerancia que reina en la nación tras medio siglo de totalitarismo. Todos ansiamos paz, justicia, tolerancia y una convivencia civilizada, sostenida por el respeto a las libertades individuales y a los derechos fundamentales, garantía de la dignidad de las personas.
EEUU, centro económico global
por Dr. Darsi Ferrer
29 de noviembre de 2011
La Habana, Cuba. Cada vez es mayor el número de analistas internacionales que dan por sentado la inminente sustitución de Estados Unidos por China como nueva y pujante primera potencia mundial. Las bases para esa hipótesis la fundamentan en el crecimiento económico que por años ha formado parte de la China disfrazada de capitalista, que ya supera en sus exportaciones a gigantes como Japón y Alemania, así como por el creciente monto de dólares, títulos de deuda y bonos del Tesoro norteamericano que acaudala a manos llenas, entre otras razones.
Sin embargo, ¿realmente es esto un hecho incontrovertible? De cierto, otra buena parte de la opinión especializada sostiene lo contrario. Afirman que el modelo chino es una enorme burbuja económica cuya frágil base de sustentación está minada por significativas contradicciones sociales, políticas y económicas que representan un serio lastre para el futuro de la nación. Ante esta disyuntiva de dos aparentes realidades de un mismo fenómeno, los hechos demuestran que China, más allá de las engordadas cifras de desarrollo, en el orden interno oculta la debilidad de un despiadado modelo explotador que poco lo recomienda como próximo líder global.
Es palpable que en las élites de ese país asiático pervive un resentimiento de milenaria potencia mundial, condición que le duró hasta hace apenas un siglo, cuando sufrió el despojo y la humillación neocolonial a manos de Occidente. Ese viejo complejo motiva un impetuoso impulso en el orden de su proyección externa, exportando la visión explotadora nacional, ausente de transparencia y nutrida de prácticas económicas desleales. Aunque utiliza con éxito los instrumentos de modernidad que le aporta la Globalización, al negarse a la democracia y al Estado de Derecho, en sí misma estructura y fomenta elementos de resistencia que la hacen peligrosamente inestable ante la creciente realidad diversa y moderna de la actual corriente civilizadora. De hecho, el modelo chino es un calculado proyecto de desarrollo sostenido sin repercusión en las libertades individuales de su pueblo.
Resulta verdaderamente deshonesto que muchos agoreros del nuevo advenimiento chino ni siquiera mencionen que esa nación persiste en ser una dictadura totalitaria. Ni se le da importancia a que sea regida por el mismo Partido Comunista que organizara y dirigiera tantas campañas y represalias que le costaran la vida y sufrimiento a millones de sus ciudadanos. Un país controlado con mano dura por una clase elitista que tiene como principal objetivo su propio enriquecimiento. Como expusiera un experto dudoso de la próxima primacía mundial china, “la población aceptó la obediencia a cambio de mejorar su nivel de vida y el Partido Comunista aceptó la transición económica y social a cambio de mayores privilegios”.
Esto incluye ejemplos hasta de rancio colonialismo, como la ocupación forzosa de la región del pueblo uigur de tradición musulmán. O como el caso del Tíbet, víctima de una invasión militar china en la década de los años 50 del pasado siglo, agresión que costó la muerte de un millón de tibetanos y la destrucción de buena parte de su acervo cultural. Ambos son obstáculos presentes e insalvables hacia el desarrollo real y humano de los derechos del gran pueblo asiático.
Anunciándolo cínicamente como una etapa necesaria para construir el desgastado fantoche del mítico y futuro Comunismo en el que nadie cree, el Partido Comunista chino ha dispuesto y bendecido la abierta y descarnada explotación de su enorme población a manos de los inversionistas extranjeros y los funcionarios nuevos-ricos del gobierno. Sin derecho a huelga, reclamaciones salariales, vacaciones o licencias por enfermedad o maternidad, los trabajadores chinos se desgastan en agotadoras jornadas de 12 y 14 horas diarias, seis días a la semana. Siempre bajo la amenaza de despido ante la menor muestra de debilidad, están presionados a esforzarse al máximo debido al enorme número de parados que esperan ansiosamente ocupar una vacante en la cadena productiva. De esta manera, el pueblo chino sufre en pleno siglo XXI los dantescos episodios de la peor etapa de explotación de los orígenes del capitalismo primitivo.
El Partido Comunista promotor de toda esa conveniente “pujanza económica” cuenta con el férreo control directo de más del 60% del país, donde se ha cuidado mucho de que no llegue la imagen de vidriera de la zona costera Oriental. Los sectores estatal y privado quedan bajo un poder central y en ambos el Partido-Estado impone no sólo decisiones administrativas incuestionables, sino que también obliga a rajatabla tasas de precios y costos. Y a pesar de que el Estado consume alrededor de un tercio del gasto público en subvencionar sus empresas para mantenerlas a flote, ofrece apenas un mínimo de salvaguarda al sufrimiento popular, autorizando sólo un reducido gasto en sanidad y pensiones, y excluyendo sufragar cualquier subsidio por desempleo.
La división del país en tres áreas económicas que requieren de un pasaporte interno para pasar de las zonas pobres a las de empuje económico favorece el modelo de explotación de la masa laboral en China, aunque no sólo dentro del territorio nacional. En varios países del primer mundo y en vías de desarrollo de Occidente, recientes denuncias demuestran casos flagrantes de brutal expolio de mano de obra china exportada. Y severas prácticas de matonismo empresarial han tenido lugar en países de creciente influencia china en África, como Zambia, reprimiendo violentamente las huelgas de mineros provocadas por violaciones salariales, o en la también minera Shougang de Perú. Por otra parte, llueven las denuncias y alarmas por las crecientes falsificaciones y alteraciones de productos de fabricación china. Acciones fomentadas por ánimos de irresponsable y desenfadado lucro, lo que mina la confianza de consumidores occidentales para el consumo en surtidos tan disímiles como los productos lácteos y juguetes hasta los sistemas electrónicos de armamento.
En América Latina, muchos elementos de las castas intelectuales y dirigentes, más allá de realidades palpables, persisten en mantener con vida el viejo andamiaje del antiamericanismo y son los más entusiastas en otorgarle a China el papel de próxima primera potencia. También conforman las filas de los mayores vaticinadores del desplazamiento del centro económico mundial de los Estados Unidos hacia la nación más poblada del mundo. Dan por sentada esta versión de los hechos como el del supuesto abandono y desinterés de la nación norteña hacia sus vecinos del sur.
Más, esto sólo es el delirio deseado por esas élites antinorteamericanas. Como alguien dijera con mucho acierto, los hechos son tozudos y desmienten toda falsa presunción. En la realidad que atormenta a esos personajes, América Latina no sólo sigue siendo el mayor centro de la inversión del capital norteamericano, superando por tres veces el de China en la región, sino que cerca del 50 % de las exportaciones norteamericanas tienen como destino a Latinoamérica. Además, cada año esta región se beneficia de las transferencias de tecnologías modernas y programas de ayudas económicas de los Estados Unidos, así como de tratados comerciales preferenciales. Las remesas familiares enviadas por los emigrantes latinoamericanos radicados en Estados Unidos, pese a la crisis económica, superan los 60, 000 millones de dólares, mucho más que las provenientes de Europa y Asia. En cambio, el comercio de la región con China se concentra en la exportación de materias prima, y prácticamente no encuentra mercado para incluir en el intercambio producciones con valor agregado. Situación que no favorece el desarrollo y la solides de las economías de Latinoamérica.
Contrario a las afirmaciones predominantes en el discurso de los personeros de la izquierda internacional, que no se cansan de denunciar un interés determinante de EEUU por asentarse y controlar los recursos económicos del Medio Oriente, el desplazamiento de su eje de intercambio comercial global a donde lo dirige es al Asia. No obstante, no hay dudas de que estas variaciones no modifican la persistencia del centro económico mundial dentro de los límites geográficos de Estados Unidos, el que da señales claras de reacomodo de capitales, empresas y empleos dirigidos hacia su costa occidental. Recientes acuerdos regionales de las naciones suramericanas que bordean el Océano descubierto por el conquistador español Balboa y los flamantes tratados de libre comercio firmados por Estados Unidos con Panamá y Colombia consolidan esta tendencia de preparar a la región hacia un mayor intercambio comercial en la zona económica del Pacífico, desde ya más sólidos e importantes que el lento crecimiento del otro gran proyecto económico regional de América Latina, el convenio atlántico de Mercosur.
Las instrumentaciones hacia el desarrollo de la región de cara al Pacífico tienen mayor viso de realidad que configuraciones regionales conformadas por una visión de politizado resentimiento y banal enfrentamiento geopolítico con la nación que, en la realidad que se insiste en ignorar, es la que más los favorece. Así, engendros voluntaristas como el semi-cadavérico ALBA y el endeble UNASUR parecen empezar a formar parte de las leyendas heroicas, e inútiles, del resentimiento antiimperialista latinoamericano.
domingo, 23 de octubre de 2011
Mensaje a los cubanos
Dr. Darsi Ferrer
14 de octubre de 2011
La Habana, Cuba. Es tiempo de que termine la ilegítima y abusiva dictadura en Cuba. La corriente liberadora desatada en las sociedades árabes muestra claramente el camino de cómo hacerlo. Esos pueblos hermanos son nuestros iguales como víctimas de sojuzgamiento, anulación de libertades y derechos, represión y sufrimiento acumulado y creciente. Y sus opresores también se asemejan a los nuestros. En nada los diferencia la injusticia y corrupción que esparcen, el despotismo y la crueldad de su poder, los privilegios y pretensión de perpetuarse en dinastías. Los nombre de Ben Ali, Hosni Mubarak, Muamar al Gadafi, Bashar al Asad, se escriben con el mismo sentido ignominioso que Fidel y Raúl Castro.
La nación cubana debe tenerlo bien claro de una buena vez. Los salvajes métodos represivos que estos dictadores del Medio Oriente y el Norte de África han emprendido contra sus pueblos, son similares a los que practican los opresores del régimen para mantener a las personas en Cuba pobres, ignorantes, esclavizadas y aisladas del mundo. Y en nada se diferenciarán las masacres y los atropellos que allí se cometen, a lo que están dispuestos a protagonizar los gobernantes castristas para doblegar cualquier reclamo que estalle contra sus injusticias. Las recientes acciones de violencia desproporcionada contra los opositores en la isla alcanzan la cifra más alta de los últimos treinta años. Es el indicador del temor a una rebelión y quieren aterrorizarnos para que no ocurra. El instinto bestial compulsa a esos represores en su intención de aplastar los reclamos que surjan en el país, incitados por lo que ahora mismo hace el ejército sirio con su propia población.
Nos solidarizamos con todos los pueblos que se levantan en rebeldía motivados por el reclamo del derecho a ser libres. Sentimos la obligación de felicitar y dar gracias a los hermanos árabes, libres de vanguardias y líderes carismáticos, por demostrar la fuerza indomable que es capaz de brotar cuando los pueblos deciden emprender una revolución popular. Ellos vencieron lo que parecía imposible. ¡Nosotros también podemos!
Tal como clamaron los tunecinos y egipcios, después los libios y ahora exigen los sirios, los cubanos todos, en la isla y en la diáspora, debemos reconocer que nuestra libertad, y el resurgir de nuestras esperanzas y oportunidades, dependen de sacudirnos el lastre devastador del castrismo. No hay otra opción, compatriotas, los invito a asumir como mensaje común: ¡Fuera la dictadura! ¡Que se vayan los Castro!
lunes, 8 de agosto de 2011
La crisis financiera de los Estados Unidos, escenario del conflicto global entre estatismo y propiedad privada
Por Dr. Darsi Ferrer
29 de julio de 2011
La Habana. La modernización acelerada que trae la Globalización, imprevisible en transformaciones de todo tipo, ha vuelto al mundo más pequeño, derivando a disfuncionales muchos aspectos del viejo modelo industrialista de la civilización que se iniciara hace casi trescientos años. Estados Unidos ocupa el puesto de economía motora del mundo, por lo que no es asombroso que en la actualidad sea el campo de batalla donde se estén enfrentando las fuerzas rectoras de las dos principales tendencias.
El presente conflicto de intereses entre demócratas y republicanos ante el dilema de elevar o no el techo de la deuda de su país parece resumir a escala nacional un fenómeno global: ¿existen dos maneras divergentes de llevar por buen camino los asuntos públicos? ¿Hay preponderancia del modelo estatista o de la libertad del mercado y la sociedad civil para conducir y resolver sus propios problemas?
Las crisis económicas de Irlanda, Grecia, Portugal, España e Italia, y otras que vendrán, pese a ciertas diferencias, presentan grandes similitudes en origen y hasta de intento de solución. Se puede resumir que todas, en el fondo, muestran el mismo perfil: el enfrentamiento entre los gobiernos benefactores (que de anteriores heredan un esquema de desarrollo, engrosado en su turno con propósitos electorales y basado en el crecimiento del aparato burocrático estatal y de los beneficios sociales que este administra y que como propietario gasta a manos llenas en tiempo de bonanza) y el acostumbrado clientelismo de sus electores, ahora frustrados en sus aspiraciones de recibir beneficios tradicionales, y empujados mediante necesarios recortes al espacio que deben retroceder para resolver sus propios problemas.
Es un asunto de difícil solución por el grave riesgo político que representa para cualquier gobierno que se le enfrente, ya sea con ánimos de solucionarlo o buscando paliativos para ganar tiempo y pasarle la pelota de la debacle a la siguiente administración. Lo cierto es que para las figuras políticas y partidos que lo emprendan en firme, muy probablemente significará su definitivo fin en las urnas. Reducir el Estado Benefactor y facilitar que buena parte de sus desprendidos atributos de propietario-distribuidor sean asumidos lenta y gradualmente por el ingenio y la iniciativa privada de la sociedad civil, resulta una transición de vastas y estremecedoras proporciones. Como primera grave consecuencia, miles de funcionarios y empleados del gobierno quedarían a disposición de un mercado laboral ya en crisis.
Además de la enorme impopularidad que provocaría una medida de esa índole que, sin dudas, a muy corto plazo incrementaría la crisis nacional a límites inestablemente peligrosos.
Ante este problema, ¿qué hacer entonces?
Lamentablemente, la actual crisis mundial (fenómeno periódico y gradual de la economía de mercado que sirve para desembarazar de activos pasivos), es acrecentada y alargada por la permanencia, sostenimiento y hasta crecimiento del modelo estatista como vía de su solución. La gestión general de ese modelo benefactor se resume en un acumulado de malas decisiones y erradas presiones provocadas por grupos de intereses muy diversos, desde empresarios, sindicatos y partidos políticos hasta grandes masas de población en busca de soluciones a sus problemas mediante una redistribución de la riqueza que los favorezca.
En principio, este cúmulo de cambios basados en una redistribución de la riqueza nacional sería mucho más equilibrado y equitativo si fuera resuelto a través de la sociedad civil (que en definitiva es quién lo produce, utilizando como instrumento las iniciativas de la economía de mercado), y no a través de un Estado propietario-distribuidor. Precisamente es esa gestión como propietario la que desvirtúa las funciones que originaron el Estado, que son las de redistribuidor y árbitro.
Este escenario está cada vez en mayor contradicción con las nuevas fronteras de civilización que trae la Globalización. Cambian más aceleradamente todas las reglas y parámetros que parecían funcionar hasta los tiempos modernos (y que facilitó el papel preponderante del Estado como propietario-benefactor de la riqueza nacional, a veces adquiriendo proporciones monstruosas: la URSS, Alemania hitleriana, la China maoísta, Cuba, Corea del Norte, etc.). Pero ese tiempo ya agoniza, facilitando el paso a la Era de la Información, con aun poco conocidas condicionantes y dinámicas por desarrollar.
Éstas nuevas fronteras del desarrollo no son mayoritariamente negativas, sino todo lo contrario. La Internet, los modernos medios de comunicación personal en constante cambio y el cada vez más acelerado flujo de la información; la capacidad de aminorar con efectividad la trasmisión de los efectos de las crisis periódicas del mercado; el aumento de los avances científicos y del nivel de vida en regiones densamente pobladas y con un tradicional bajo perfil de supervivencia (China, India, el Continente Africano), son todos resultados positivos de este nuevo contexto mundial.
Sin embargo, a medida que se extienden y crecen sus beneficios, las nuevas circunstancias ponen al desnudo, acrecientan o imponen con mayor fuerza otras crisis de la evolución, las que se tornan imperativas para sostener el desarrollo de la civilización.
Estas presiones no son nuevas para la Humanidad. En épocas anteriores las naciones no pudieron retrotraerse a los grandes beneficios y a los males que trajo el capitalismo so pena de quedar atrasado y sujeto en un plano inferior al resto de los países que asumían las nuevas reglas del desarrollo. Las injusticias que esto provocó forzaron enormes guerras y sufrimientos, pero también aceleraron los avances de las ciencias y la economía, redundando en un crecimiento global. Como prueba ineludible de este marcado progreso, la población mundial aumentó al doble de lo que tardó en crecer desde 1700 a 1850, y de 1850 a 1950 se duplicó, triplicándose desde esa fecha hasta el presente.
Sea cual sea la decisión que se tome el próximo agosto en los Estados Unidos, por las dimensiones de la economía americana y el volumen acumulado de la deuda pública, unos $14,000,000,000,000 millones, siempre significará una sacudida para la economía y la marcha de los asuntos y presentes conflictos globales. No obstante, sólo una opción es capaz de crear las bases para la estabilización y crecimiento a mediano y largo plazo de la locomotora mundial. La apuesta válida es la que puja por la reducción del gobierno, el gradual traspaso de las responsabilidades del grueso de la Sociedad de Bienestar a manos de la sociedad privada y la asunción por parte del Estado de sus atributos y responsabilidades que le dieron origen, el de árbitro y regulador del bienestar de todos sus conciudadanos, abandonando el papel de propietario, juez y parte, en los asuntos de la economía y de la injerencia en los derechos de propiedad que de esto se deriva.
La disyuntiva está sobre el tapete. Al incrementar el gasto público, aumentar el tamaño del gobierno e introducir en circulación grandes masas de dinero, la Administración Obama no ha demostrado haber encontrado soluciones adecuadas a la presente crisis, sino que más bien la ha extendido. Quizás sea la hora de tomar una decisión radical y no seguir insistiendo en cargarle las espaldas y endeudando a las futuras generaciones de una nación repleta de libertades y tradiciones democráticas. Ese es un legado que la Humanidad no se merece.
lunes, 23 de mayo de 2011
Siria: la apuesta por la libertad
por Dr. Darsi Ferrer
12 de mayo de 2011
La Habana. Pese al ejército disparando con tanques, cañones y francotiradores, y a la acción de la policía política haciendo constantes razias en los hogares y secuestrando a conocidos opositores o sospechosos de participar en las manifestaciones contra el régimen, el valiente pueblo sirio continúa manifestándose cada viernes de oración, pidiendo el fin del régimen asadita.
La brutalidad de la represión se ha sostenido en parte por la ausencia de una decidida condena internacional, y las más que acostumbradas dubitaciones de un Consejo de Seguridad de la ONU que todavía está atenazado por el fiambre de la realpolitik de la Guerra Fría. Los cálculos de conveniencias geopolíticas y las componendas de pasillo se vuelven más infortunados ante la masacre de una revolución verdaderamente popular, pacífica y que clama por el triunfo de los valores occidentales de libertad y democracia.
La persistente brutalidad de la cúpula gobernante de Siria parece haber domeñado el pánico de Bashar al Asad, el que hace apenas unas semanas se apresuró a firmar por decreto el fin del Estado de Emergencia que implantara su padre. Envalentonado por las facciones recalcitrantes en el poder, y por la falta de enérgica condena unánime en la arena internacional, la que deberían encabezar EEUU y la Unión Europea con sanciones drásticas de corte político-económico, el dictador sirio se ha lanzado a por todas contra su propio pueblo.
El mundo árabe, revuelto por las mismas premisas libertarias que protagonizan el verdadero principio del siglo XXI, está pendiente de esa lucha desigual. ¿Hasta qué punto podrá mantenerse el conflicto en suelo sirio sin una ruptura en uno u otro sentido? Por un lado el ejército está ante la contradicción de estar matando a sus propios coterráneos que juraron defender, y por el otro el pueblo es masacrado a mansalva y la comunidad internacional no lo apoya con decisión abrumadora.
Los argumentos de “defensa del Estado ante la agresión de extremistas islámicos” que blande la dictadura siria para justificar su barbarie no se sostienen como creíbles. Al igual que en todos los casos recientes en el mundo árabe e islámico, la presencia masiva de la población en las calles lo que clama es libertad y democracia, no la ley islámica ni un estado teocrático.
Todo indica que el punto de quiebra del pueblo avasallado de Siria ya quedó atrás. Lo estimula la lucha a brazo partido que sostienen en las calles y plazas contra el feroz dictador. No se puede concluir otra cosa al valorar la corajuda decisión popular de afrontar la feroz represión y muertes, y hacerlo incrementando la intensidad y participación en las protestas.
Y es que lo que está ocurriendo es una acción de la sociedad civil, que se multiplica cada vez en más ciudades, a pesar del incremento de la violencia gubernamental que intenta aplastarla. Con la matanza, ahora en el pueblo prima la justa cólera y en ella se ha galvanizado la decisión de quitarse de encima el odiado régimen. Su admirable resistencia va provocando grietas irreversibles en el ejército. Y ante la heroica resistencia de la ciudadanía es probable que en la institución armada estén ocurriendo purgas y que empiecen a abundar las ejecuciones sumarias, anotándolas como víctimas de unos supuestos “terroristas” que actúan contra el Estado. Pero ni siquiera la teoría de la fidelidad a toda prueba del ejército de corte personalista puede salvar las contradicciones abismales a las que está siendo arrastrado por la dictadura.
El aparato de la policía política siempre resulta el más cruelmente comprometido con un régimen dictatorial. La tradicional brutalidad represiva de la que hacen gala se dirige contra todo el que se oponga o dude. Sin embargo, su estructura interna es frágil para sostenerse en esa posición. La caída de todos sus iguales casi intactos en el derrumbe del llamado Campo Socialista dejó al descubierto cuáles son los puntos débiles de estas temidas estructuras de poder.
La resistencia a manos descubiertas de la población siria va a tener un límite de control. De persistir la represión, el pueblo se va a lanzar a una desgastante guerra civil, tal como ocurre en Libia. Entonces los sueños de “estabilidad en la región”, que han guiado a los diplomáticos interesados en frenar cualquier acción de enérgica condena a la dictadura de Al Asad se quebrarán con la sangre y la violencia.
El régimen de los hermanos Castro debe mirarse bien en ese espejo y meditar. Los tiempos son de cambios, pero no atenazados con remiendos inútiles y convenientes desde y para la cúpula. Los pueblos son los que dictan las condiciones de su futuro, no las llamadas “élites revolucionarias”, mucho menos cargadas con ancianos que representan un poder envilecido.
La elección que espera Perú
por Dr. Darsi Ferrer
11 de mayo de 2011
La Habana. La reñida carrera por la elección presidencial en Perú se acerca cada vez más a su conclusión. El candidato izquierdista Ollanta Humala va perdiendo su ventaja electoral frente a la controvertida Keiko Fujimori, de un vago perfil liberal.
Humala, la bestia negra del balotaje, decidió perder lastre sobre la marcha. Y los resultados le fueron de inmediato favorables, al desembarazarse abiertamente del manto ideológico de su mentor Chávez, y hasta mencionándolo con cierta acritud, su por ciento de expectación subió como la espuma, permitiéndole llegar cómodamente a la segunda vuelta.
Por otro lado la Sra. Fujimori, encabezando un confuso programa liberal y con la carga al hombro de un ex presidente y aun padre preso por corrupto, ha hecho sus pinitos en las primeras semanas de mayo, igualando en los pronósticos a su adversario político.
El comportamiento ascendente en las encuestas de la preferencia por la candidata liberal refleja que está en condiciones de convertirse en la ganadora de la segunda vuelta electoral. No es nada bueno para Humala su tendencia a ir perdiendo lentamente su ventaja, mientras aumenta aceleradamente el por ciento favorable de la candidata de derechas. Este hecho marca una deriva significativa de aquellos que no se decidieron en la primera vuelta, dejando al campo con su voto en blanco a candidatos como el ex.-presidente Alejandro Toledo.
Y es que las razones abundan para no optar por una propuesta que a la larga, o más seguro, a la corta, sacará sus uñas. Humala es un nacionalista y populista furibundo de izquierdas, un profundo admirador del modelo castrista de permanencia en el poder y del ALBA como mecanismo de expansión y aseguramiento del ambicionado cargo presidencial. Su personalidad pintoresca y simpatizante de la “violencia revolucionaria” descubre un perfil nada tranquilizador. De obtener la curul suprema se las arreglaría para permanecer en la misma por el tiempo que acostumbran los dictadores que se consideran, por definición, imprescindibles, es decir siempre. Y si hay algo de certeza como fórmula conclusiva en la historia reciente de América Latina, es que las dictaduras de izquierda se prenden al poder como garrapatas, mucho más que las de derecha de otros tiempos.
Pero contra todos estos sueños en rojo está el constante y sonante crecimiento económico de alrededor de un 10% anual que ha beneficiado a los peruanos en las dos últimas administraciones, y la consecuente expansión de la imagen del Perú como lugar atractivo de inversión y creación de empleo. Situación que ha sido el resultado de la decidida inversión en comunicación y vías de transporte de la denostada administración Toledo y la marcha acompasada, segura y seria en la economía de mercado que le aportara el presidente García, pese a su oscuro pasado de corrupto mandatario.
En definitiva, Humala no puede ofrecer otra cosa que no sean las tradicionales fórmulas estatistas de propiedad económica con sus nefastas consecuencias, ahora quizás disfrazadas de temperancia y ausencia de exaltación antiimperialista. Pero, por suerte para las aspiraciones democráticas, pesan demasiado en la memoria los años de sus constantes exabruptos y encendidos llamados a hacer del Perú otro fracaso totalitario como solución de los problemas nacionales.
Frente a este lobo disfrazado de ovejita, hasta la gris imagen de la Fujimori brilla como mejor opción y, de seguro, ganará las elecciones presidenciales de su país.
Como conclusión de todo esto, resulta significativo, y hasta algo deprimente, que el destino que se forjan libremente los propios peruanos sólo permita optar por estas poco recomendables opciones. Quizá sea el resultado normal de la obligada, lenta y larga marcha en frágil equilibrio hacia un país estable y de progreso irreversible al que parece condenado buena parte del continente, alejándose cada vez más de la mano de aventureros que representan modelos trasnochados.
La enfermiza indecisión del Consejo de Seguridad
por Dr. Darsi Ferrer
4 de mayo de 2011
La Habana. Hay una cuota significativa de cinismo que ronda con frecuencia las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU. Su incapacidad para condenar los asesinatos masivos que está cometiendo el régimen de Bachar al-Assad en las calles y plazas de las ciudades sirias, muestra muchas similitudes a los titubeos que permitieron que el dictador libio, Muammar al-Gaddafi, recuperara la iniciativa, permitiéndole consolidar una guerra civil empantanada hasta ahora.
¿Qué imaginan los representantes de los países que integran el Consejo de Seguridad? ¿Qué hay que dejar solos a esos disparejos contendientes en Siria, para que arreglen sus diferencias sin injerencia extranjera y con estricto apego a la soberanía nacional? ¿Acaso intuyen que alguno se va a cansar y optará por abandonar el conflicto: el régimen dictatorial de al-Assad con sus tanques y fusiles de asalto o el indefenso pueblo sirio que está poniendo los centenares de muertos?
Es una situación que apunta a una sola dirección. El régimen de Damasco y sus compinches no van a cejar en la aplicación de medidas criminales para aplastar toda manifestación o reclamo devenido de las multitudes populares que exigen libertades y la apertura a un sistema democrático.
El silencio cómplice de la comunidad internacional, la falta de consenso para adoptar una condena firme ante las matanzas ordenadas por al-Assad y el devaneo diplomático, sólo conduce a un callejón sin salida, además de animar a los genocidas que disparan contra su propio pueblo o reprimen de modo indiscriminado a sus opositores.
Una condena unánime del mundo civilizado es más que urgente. Y mucho más las medidas diplomáticas y sobre todo económicas, que hagan presión efectiva sobre esta cúpula de asesinos que dirigen por sus fueros el país sirio. Ningún argumento político de representantes diplomáticos sobre la conveniencia o no de la caída del régimen sirio y la supuesta desestabilización que provocaría en la región, amén de tener exageradamente en cuenta el disgusto del impresentable régimen iraní, es algo válido ante la represión y asesinatos impunes de una población martirizada y vejada desde hace décadas.
Otra vez se hace necesario recordar que los regímenes dictatoriales viven muy pendientes de cómo se manifiesta la comunidad internacional con alguno de ellos cuando cometen sus fechorías. Y actúan en consecuencia, ante la unánime condena o la desavenencia pasillera, con temor histérico o envalentonamiento psicópata.
En lo que le toca a los cubanos, el régimen de los Castro, recién reverdecido en un cónclave gerontocrático más que frustrante para las esperanzas y anhelos de la población, también observa con atención las dubitaciones de los que deben ser celosos y responsables en el Consejo de Seguridad. Acostumbrados a las bravatas y a la brutalidad, la cúpula gobernante oculta cuidadosamente sus temores y fragilidad ante una futura y directa condena de ese Consejo de la ONU, tomando como referencia el caso de que en algún momento se vean necesitados de actuar salvajemente contra una población lanzada a las calles en reclamo de sus derechos, al igual que lo hace en estos momentos su amigo, el dictador sirio.
La actitud indecisa del Consejo de Seguridad y de otros importantes actores políticos internacionales, como el bloque de las 27 naciones de la Unión Europea, ante hechos injustificables de masacres de civiles como los que ocurren en Siria, debe de cesar de una buena vez. Los pueblos sometidos por dictaduras se están sacudiendo de su letargo y se muestran decididos a transformar el futuro de sus naciones con sus propias manos, a un costo indecible en sangre, represión y sufrimientos. Y eso no puede ser obviado con desaciertos diplomáticos o conveniencias de realpolitik.
La solución del conflicto libio
por Dr. Darsi Ferrer
3 de mayo de 2011
La Habana. A dos meses de iniciada la guerra civil en Libia, y asediado por las fuerzas aéreas de la OTAN, ¿por qué el dictador Muamar al-Gadafi no disminuye su empuje ofensivo? Sus fuerzas blindadas han sufrido ataques demoledores, sus depósitos de armas han sido bombardeados, ¿cómo puede mantener ese nivel de ofensiva constante? ¿Cómo garantiza el dinero para pagar los cientos de miles diarios que debe entregarle a sus mercenarios y soldados leales para que continúen combatiendo a los rebeldes y matando y aterrorizando a los civiles? Se hace evidente que hay que cortarle al genocida de Gadafi las líneas de suministro de armas, hombres y dinero.
La amplitud del territorio libio no es un obstáculo insalvable para la vigilancia constante de los medios militares modernos. Un satélite militar geoestacionario o la utilización de aviones AWAC pueden cubrir el vasto espacio desértico del sur y el este. De paso, también podrían servir para vigilar cualquier acción desesperada de Gadafi, una vez que se vea sin salida, que busque destruir los conductos de agua que viajan desde los gigantescos depósitos prehistóricos subterráneos de la frontera con Chad hasta las ciudades costeras. Esta última acción sería, al igual que hiciera Hitler reteniendo en el sitio a la población de Berlín ante el arrollador avance soviético en 1945, un intento más de hacer sufrir y hasta liquidar a su propio pueblo.
No hay pruebas que lo demuestren, pero informaciones occidentales han comunicado que Argelia, por igual gobernada por una cúpula militar decadente en forma absoluta y rígida desde hace años, es el candidato más idóneo por proximidad para que se descubra como fuente principal de suministro al desesperado régimen de Gadafi. Los miembros de la nomenclatura argelina son los menos interesados en tener un vecino tan próximo donde gobierne un sistema democrático y abierto a Occidente. La contaminación libertaria les llegaría de sopetón, filtrada por la porosa frontera, como ocurriera con la propia Libia tras la triunfante revolución popular egipcia de principios de año.
Los líderes de la coalición de la OTAN deben valorar la necesidad de considerar objetivos militares a todos los funcionarios y militares que acompañen a Gadafi en su enfrentamiento y masacre del pueblo, así como sus residencias y riquezas acumuladas. Así lo exige una responsabilidad criminal sin excusa. Por tanto, esos oscuros personajes al aliarse con un sangriento dictador contra su pueblo deben asumir el costo de sus despreciables acciones.
La experiencia de la conclusión de la guerra en Yugoslavia y de la represión serbia contra los albaneses kosovares lo indicó claramente. A la alta jerarquía del régimen serbio no le importaba que el pueblo sufriera la destrucción de objetivos estratégicos vitales como centrales eléctricas, puentes, etc., bajo los ataques aéreos de la OTAN. Sólo cuando la cúpula en torno a Slobodan Milosevic comenzó a recibir bombardeos quirúrgicos en sus fastuosas residencias y palacios, lo que puso en peligro directo sus vidas y la riqueza que amasaran con su colaboración, fue cuando el régimen serbio propuso la inmediata rendición.
Del otro lado del mundo, la dictadura militar cubana también se siente directamente aludida con la represión al régimen libio. La élite en el poder percibe como un peligro real cualquier ofensiva diplomática o militar que busque dar término a otra dictadura. Así que, ante la amenaza del advenimiento de la democracia en la nación norafricana, es más que probable que los oxidados lazos del anciano régimen militar cubano con sus cúmbilas libios se haya puesto en funcionamiento. La hipertrofiada red de inteligencia criolla debe haber recibido la orden urgente de ponerse las pilas y con sus fuentes de información e influencia internacional ayudar a Gadafi y a cuanto otro régimen totalitario esté pasando por semejante contingencia. Las diferencias culturales, religiosas o de matiz político no son obstáculo para ello. Lobos de una misma camada, a fin de cuentas sus gastados sistemas son relapsos al virus terminal de la libertad.
Blogueros alternativos, mal menor para los Castro
por Dr. Darsi Ferrer
28 de marzo de 2011
La Habana. La sorpresiva potenciación de la blogósfera alternativa protagonizada por las autoridades del régimen sorprende por lo insólito, pero no es casual, por detrás esconde un elaborado diseño de los órganos de la inteligencia. No es difícil dilucidar que se proponen desviar la atención de la comunidad internacional del verdadero foco de peligro, la oposición tradicional, la que gana espacio dentro de la sociedad plantando cara en el terreno. Evidentemente se trata de una maniobra para trasladar el rejuego político hacia la dimensión virtual, que en Cuba tiene un impacto popular limitado y controlable en términos generales.
Al reevaluarse los sucesos aparecidos durante los últimos meses en el panorama nacional se constata que, aunque aparentan cabos sueltos inconexos, en realidad constituyen componentes entrelazados del nuevo giro de la estrategia que aplica la élite para conservar el poder.
En ese enfoque, supuestamente de modo clandestino, se filtró en el Internet un video que muestra a un alto funcionario de la inteligencia cubana, especialista en tecnologías modernas, impartiendo una conferencia a oficiales del ministerio del interior, donde asegura que la principal guerra que ellos libran es contra los blogueros en el Ciberespacio, a los que describe como jóvenes que se expresan de una manera seductora, distanciados de la imagen poco atractiva de la oposición, y que igualmente sirven a los intereses del gobierno americano. Durante la conferencia el aludido militar incluso menosprecia la significación de la oposición como amenaza para la estabilidad del régimen.
También los medios de comunicación oficialistas dieron amplia cobertura a uno de los documentos revelados por WikiLeaks, en el que Jonathan Farrar, actual jefe de la Sección de Intereses de EEUU, informa al Departamento de Estado su criterio sobre la inoperancia de los líderes de la oposición, a los que cataloga de ancianos desconectados del interés de la población, y asegura que están más preocupados por obtener recursos que por realizar una labor coherente, además de mencionar la división que tienen entre sí. En el documento recomienda que sean priorizadas las potencialidades de los jóvenes blogueros, por la labor dinámica y eficaz que desempeñan dentro de la Isla.
Otra fase a considerar es el incremento de las acciones represivas de la policía política, las que recaen exclusivamente en el bando de la oposición. Los actos de repudio fueron retomados contra las Damas de Blanco y varios opositores que realizan actividades en las calles, como Reyna Luisa la madre del mártir Orlando Zapata Tamayo. Ha crecido el promedio de arrestos de opositores, entre ellos resaltan los casos de Guillermo Fariñas, Jorge Luís García Antúnez, Hugo Damián, entre otros. Ya ni siquiera son toleradas las reuniones de opositores dentro de las casas y aplican el método de arrestar a quienes se aventuren en esas actividades, lo que ha sucedido en reiteradas ocasiones con Cuesta Morúa, Leonardo Calvo, Juan Antonio Madrazo y otros líderes del Comité de Integración Racial, y no son los únicos. En cambio, los jóvenes de la blogósfera alternativa realizan encuentros con frecuencia, previamente anunciados en la red social Twitter, y hasta el momento no han padecido ningún tipo de interferencia a manos de la seguridad del estado.
En el show tragicómico “Las Razones de Cuba”, serie que en las últimas semanas exhibe la televisión nacional, enfatizan con toda intención la tesis de que la ciberguerra es hoy el verdadero desafío que afronta el gobierno cubano. En ese espacio televisivo se acusa a los vecinos del Norte de financiar a jóvenes internautas de la Isla, facilitarles las herramientas modernas que complejizan el determinante escenario bélico, y de alentarlos a la subversión.
A la laureada bloguera, Yoani Sánchez, la señalan como la comandante del nuevo ejército de mercenarios y, contrario al método de enfrentamiento habitual, resulta que la publicitan en uno de los citados programas de la serie con imágenes donde la Sra. Hilary Clinton halaga su labor, y otras que hacen referencia a la entrevista que le concediera el Presidente Obama, además de que aprovechan para atribuirle un financiamiento exterior de medio millón de dólares como premio a su trabajo subversivo en la red virtual. Aparejado a la intensificación de la campaña que busca desprestigiar a la intrépida bloguera, paradójicamente las autoridades del gobierno destrabaron el acceso a su blog, “Generación Y”, después de tener el sitio bloqueado durante los últimos años.
La reciente condena a 15 de cárcel del estadounidense Alan Gross, acusado por el gobierno cubano de atentar contra la soberanía e independencia nacional, por el mero hecho de repartir algunos teléfonos satelitales a miembros de la comunidad judía, refuerza el control oficial sobre las tecnologías modernas de las comunicaciones, ya que representa un fuerte mensaje para desestimular cualquier esfuerzo de introducir en el país esos equipos al margen de la autorización de los gobernantes. Además, contribuye a justificar la tesis del reforzamiento de la agresión de EEUU dirigida a destruir la “revolución” desde el campo cibernético.
El argumento más refinado al que echa mano la élite política es dejar entrever sus temores por el posible contagio en Cuba de las revueltas populares que sacuden el Norte de África y Medio Oriente, las que se desataron a través de las redes sociales y del Internet, y ya han provocado la caída de los dictadores de Túnez y Egipto, amenazan seriamente con derribar a Gadafi en Libia, mientras siguen su impulso en otras naciones de la región árabe.
No cabe duda de que existen muchas similitudes entre la desesperante situación existente en las sociedades musulmanas implicadas en la ola democratizadora y la realidad que soporta el pueblo cubano, a consecuencia del creciente colapso del régimen y la falta de libertades y derechos elementales. Realidad que eleva enormemente las probabilidades de que el efecto dominó llegue hasta el archipiélago antillano. Pero a diferencia de la región islámica, el vehículo de movilización social en Cuba no será el Internet ni las redes sociales, por su escasa presencia. Otro elemento jugará el rol de detonante y aglutinador cuando la población decida poner fin al medio siglo de totalitarismo.
Se reconoce la meritoria y admirable labor que realizan los blogueros alternativos. Son jóvenes que se desempeñan en el Internet con un lenguaje fresco, elevado dinamismo y creatividad. Sin embargo, se trata de un fenómeno elitista, que incluye a un pequeño grupo de personas con la capacidad y el conocimiento necesario en el manejo de los medios modernos de la tecnología, y la ingeniosidad de sortear las prohibiciones de acceder a la red de redes impuestas desde la oficialidad. En concreto, el trabajo de la blogósfera alternativa ha logrado alcanzar un impacto significativo hacia el exterior, por los logros de reconocidas figuras como Yoani Sánchez, Claudia Cadelo o Miriam Celaya, pero tiene menos connotación dentro del territorio nacional dadas las condiciones específicas del país, donde prevalece una marcada limitación y control en la distribución de las redes sociales y demás tecnologías de las comunicaciones. Restricciones que serán aún mayores una vez que se apruebe la anunciada Ley de Información.
Un claro ejemplo de lo anterior lo constituyó la convocatoria del “Levantamiento Popular en Cuba”, que fue lanzada a fines de febrero en la red social Facebook y recibió el apoyo de miles de internautas que se sumaron a la iniciativa en el sitio virtual. A pesar de ello ni siquiera un solo manifestante se presentó en el lugar de la protesta el día señalado, y menos del uno por ciento de la población de la Isla conoció, previamente o a posteriori, del masivo llamamiento propagandizado durante semanas en el Internet.
Los juegos de manipulación estratégica son resultado del quehacer de una reducida élite del aparato de inteligencia, que dispone de ilimitados recursos, enormes prerrogativas y un manifiesto desprecio por la población, además de estar preocupados por el creciente impacto del movimiento opositor entre los ciudadanos. Más, es importante comprender que esa élite no define el comportamiento de la maquinaria represiva, la que está limitada en su desarrollo, y su tendencia es a responder con los métodos de siempre; la represión de corte estalinista como mecanismo de control social. El patrón de la policía política cubana es muy similar al de Libia, Siria, Yemen, situación que los ubica en el bando de los candidatos a recibir condenas del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de enfrentar una intervención militar de las naciones democráticas, en caso de cometer excesos en el atropello de civiles indefensos.
La reciente excarcelación de todos los prisioneros políticos del Grupo de los 75 y las actividades celebradas en todas las provincias del país en conmemoración del primer aniversario de la muerte de Zapata, son hechos trascendentales que reflejan el avance indetenible del movimiento opositor, en la lucha pacífica que sostiene en cada rincón del país por la libertad y la apertura democrática. Ese es el mal mayor que le quita el sueño al régimen.
domingo, 20 de marzo de 2011
Inacción de Occidente en Libia robustece a regímenes dictatoriales
Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico
por Dr. Darsi Ferrer
18 de marzo de 2011
La Habana. La ola democratizadora surgida de manera espontánea en las naciones árabes del norteafricano corre el riesgo de convertirse en una gran frustración y terminar sepultada por la pésima reacción de la comunidad internacional, especialmente de los EEUU, ante los lamentables sucesos que se desarrollan en Libia, donde todo parece indicar que el Coronel Gadafi logrará derrotar a los revolucionarios y conservar a sangre y fuego el control del poder.
Lo peor serán las predecibles consecuencias de este fracaso libertario. Los dictadores de todos los rincones tomarán ejemplo del esquema utilizado por el sanguinario dictador libio y aguardarán sedientos para aplastar por la fuerza cualquier intento de rebelión popular que aflore en sus países. Ya comprobaron que la administración Obama y demás gobiernos democráticos no pasan de la amenaza en sus débiles e inadecuadas respuestas ante flagrantes actos de genocidio contra poblaciones indefensas.
Para evacuar cualquier duda, basta comprobar que la monarquía de Bahréin imitó el uso de fuerzas mercenarias, y ahora cuenta con el apoyo en su territorio de efectivos militares llegados de Arabia Saudita y de Emiratos Árabes, apertrechados hasta los dientes y en plena capacidad de sofocar las masivas protestas populares.
Resulta tan perjudicial el retroceso en Libia que hasta Egipto y Túnez corren el riesgo de malograr sus incipientes procesos democráticos. Por una parte, los militares de ambas naciones podrían tomar lección y empecinarse en controlar el poder. Por otra, los regímenes dictatoriales y autoritarios de la región no permanecen impasibles ante la institucionalización de democracias en el contorno de sus países. Es muy probable que utilicen todos los medios a su alcance en el intento de desestabilizar ambas naciones recién liberadas.
Por lo demás, no debe extrañar que la Dinastía de los Kim se atreva, sin ninguna contemplación, a matar de hambre a más millones de coreanos. Tampoco sorprendería que el régimen militar de Myanmar responda con una violencia brutal frente a posibles rebeliones de su pueblo. Cómo dudar que los chinos opten nuevamente por aplastar con los tanques cualquier revuelta popular. Es que se puede hasta sospechar cuál será la reacción de Hugo Chávez cuando pierda las próximas elecciones presidenciales en Venezuela.
Por lo pronto, en Cuba los hermanos Castro ya incrementaron el uso de la represión para castigar a los opositores, retomaron los actos terroristas de repudio, y otra vez ordenaron que golpearan a las Damas de Blanco para impedirles que manifiesten de manera pacífica en la calle. Además, en plena actitud desafiante condenaron a 15 años de privación de libertad al estadounidense Alan Gross, anciano al que mantienen de rehén en la isla desde hace más de un año, y que después de dejarle pasar por el aeropuerto unos teléfonos satelitales, lo imputaron arbitrariamente por cargos contra la seguridad del estado, en un proceso penal amañado que no cumplió con las mínimas garantías judiciales.
El abandono del pueblo libio reforzará la virulencia de los sátrapas que ahora disponen de la fórmula aportada por Gadafi para resolver, sin grandes consecuencias, las rebeliones populares. Otra probable secuela de permitir que mueran en la cuna las esperanzas y claras oportunidades de libertad y democracia para las sociedades musulmanas del Medio Oriente, es que terminen atrapadas en brazos de grupos fundamentalistas que aparezcan como la alternativa de escape a sus actuales problemas.
Poco se espera en la gestión de los gobiernos europeos por lo habitual que resulta su tolerancia en relación con el despotismo de dictadores. El liderazgo de los EEUU dentro de las naciones democráticas lo compromete, entre otros desafíos, a la defensa global de las libertades y derechos fundamentales de los pueblos oprimidos por regímenes no democráticos. Tal vez Obama esté limitado por compromisos partidistas con la maquinaria demócrata, pero sin dudas es lamentable que en su actuar demuestre mayor preocupación por su imagen y futura reelección, que por estar a la altura de la enorme responsabilidad derivada de su cargo.