jueves, 24 de febrero de 2011

La masacre contra el pueblo libio merece una respuesta contundente

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

24 de febrero de 2011

 

La Habana, Cuba. Las acciones genocidas emprendidas por el dictador Muammar al-Gaddafi contra el pueblo libio no pueden ser aceptadas bajo ningún concepto por Estados Unidos ni las naciones de Occidente en general. Los gobiernos democráticos están llamados a cumplir su rol de salvaguarda inclaudicable de los reclamos democráticos de los pueblos, sin permitirse la más mínima parálisis ni dubitación. 

 

Cualquier tibieza ante un hecho tan execrable es aprovechada por asesinos como Gaddafi y su pandilla para intentar detener, o por lo menos hacer pagar un costo horrible, a una sociedad indefensa que no posee armas para responder a la masacre de la que es víctima, atacada indiscriminadamente por fuerzas de la aviación, de artillería y tropas de mercenarios contratados para sembrar el terror.

 

Los Estados Unidos y Occidente deben dejar cualquier posible pasividad atrás y no temer los venenosos ataques de la izquierda internacional, calificándolos de “intervencionistas”, “imperialistas” y otras zarandajas del gusto de consumo de tantos idiotas. Por el contrario, están llamados a utilizar todo el poderío de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y detener a un tirano sangriento y enloquecido por perder el poder, dispuesto a exterminar a su propio pueblo en nombre del canallesco argumento de salvar la nación de un mítico caos que él ya está haciendo prevalecer con el mayor cinismo.

 

La OTAN perfectamente puede invadir el territorio libio y, con el menor costo posible para la población, darle un ultimátum previo de destrucción inmediata a los aviones y a la artillería de Gaddafi si intentan seguir masacrando a los manifestantes. No actuar de una manera decidida puede provocar que aumenten los daños humanos y materiales hasta un punto que se vuelva inmanejable la desesperada situación del país, transformándose el conflicto en una guerra civil de imprevisibles consecuencias para la inestable región.

 

El pueblo libio está reclamando pacíficamente el fin de una larguísima dictadura, y exigen la democracia y las libertades propugnadas una y otra vez por Estados Unidos y Occidente como valores insustituibles para la dignidad humana y el Estado de Derecho. Permitir que lo destroce a capricho un déspota ridículo y criminal como Muammar al-Gaddafi es una ignominia.

 

Viendo la lentitud de reacción de la comunidad internacional ante los gravísimos hechos del genocidio en Libia, a los cubanos se les vuelve más urgente repetir una pregunta clave: ¿qué puede esperar de ayuda el pueblo cubano frente a una situación semejante? Gaddafi y los hermanos Castro son tiranos totalitarios envejecidos en las mieles del poder.

 

No hay ninguna duda de la total falta de escrúpulos de los Castro para decidirse por una respuesta igual de cruel y salvaje a la que recibe ahora el pueblo libio de su sátrapa, si se envalentonan ante una débil respuesta de la comunidad internacional. Basta revisar los antecedentes de crueldad criminal que los caracteriza.

 

A estas horas salta una pregunta esencial, ¿estarían los cubanos condenados a ser ultimados impunemente en caso de que salgan a las calles a reclamar masivamente el fin de tan longeva dictadura en la isla? ¿Se quedarán mirándose las uñas los gobiernos democráticos, como cuando estaba en su apogeo una limpieza étnica en la antigua Yugoslavia, o durante las matanzas en Ruanda, Burundi y la Plaza de Tiananmen?

 

Lo que se juega en Libia no es sólo el exterminio de la población a mansalva por acción de un tirano testarudo. Es el futuro que avanza  en esta ola pacífica y democrática que recorre el mundo árabe y el resto del planeta. Otros tiranos pueden tomar valor de cualquier tibieza de las naciones líderes e intentar masacrar a sus pueblos para sostenerse en el poder. Este es un momento decisivo para la Humanidad, el que no debe ser traicionado por tejemanejes de política orillera.


martes, 22 de febrero de 2011

Egipto y Cuba, las diferencias no hacen la diferencia

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

21 de febrero de 2011

 

La Habana, Cuba. Los históricos acontecimientos que sacuden el mundo árabe, iniciados con las masivas protestas populares que en Túnez derrocaron al régimen dictatorial de Zine El Abidine Ben Ali, y luego se extendieron rápidamente a Egipto costándole la caída al régimen antidemocrático de Hosni Mubarak, y ahora inspiran las manifestaciones en otras naciones del área como Yemen, Libia, Bahréin, Argelia, Marruecos y hasta influyen en Irán, desataron la actual polémica que discurre sobre las posibilidades de que ese tipo de revueltas se desaten también en Cuba.

 

En no pocos analistas y diplomáticos predomina el criterio de que las diferencias entre estos pueblos son marcadas. Un punto significativo que señalan es la limitación de acceso de la sociedad cubana a las redes sociales y demás tecnologías modernas de las comunicaciones, herramientas que constituyen el vehículo de la ola revolucionaria del Próximo y Medio Oriente.

 

Otras comparaciones aludidas entre el mundo árabe y Cuba es el nivel de sometimiento del pueblo cubano, que en más de medio siglo apenas ha tomado las calles para rebelarse ante los abusos y arbitrariedades del régimen totalitario de los hermanos Castro. Hay quienes aseguran que los de la isla tienden a arriesgarse en el intento de escapar del terruño por cualquier vía, pero no se atreven a disputarle el poder a la dictadura. 

 

No faltan argumentos que valoran como una considerable ventaja para las autoridades la geografía insular, a la hora que les sea preciso sofocar cualquier protesta del pueblo. Además, ven como un factor disuasorio de las reacciones masivas de malestar social el control casi absoluto de la población por el gobierno, y las conocidas capacidades de su enorme aparato represivo y la impunidad con la que opera.

 

Las razones anteriores y muchas otras expresan las divergencias entre las realidades del mundo árabe y Cuba. Sin embargo, no hacen la diferencia.

 

Es verdad que en la isla es limitado el acceso a la Internet y el uso de las redes sociales, así como los servicios de la telefonía móvil y la penetración de las señales de televisión satelital, en comparación a las naciones islámicas, pero dichas dificultades tienen compensación con la suma de algunas particularidades, como: la plena identificación de la sociedad con los conceptos y valores globales de la cultura occidental, la cercanía geográfica a los EEUU y los vínculos naturales e históricos entre ambos pueblos mediante la modernidad, el activismo político y las potencialidades del exilio muy comprometido con la situación de sus compatriotas, y el enorme foco que representa el tema cubano en la opinión pública internacional, entre otras.

 

Asumir la tesis de que el pueblo cubano padece de cobardía genética resulta doblemente absurdo. Las sociedades tunecina y egipcia soportaron el terror y la opresión durante décadas, y no fue hasta hace unas semanas que salieron valientemente a sacudirse el yugo de sus regímenes. Durante el medio siglo de dictadura los cubanos, a pesar de las apariencias, no se han comportado de modo obediente, por el contrario, los caracteriza un alto grado de insurrección en la esfera económica. Ese hecho se confirma con la magnitud del mercado negro, más extendido en esta sociedad que en los desaparecidos totalitarismos de Europa del Este.

 

La invulnerabilidad que le achacan a los mecanismos de terror impuestos por el aparato represivo, pasa por alto los acontecimientos en similares sociedades cerradas. El temible y despiadado aparato de control social manejado por la Stasi en la desaparecida Alemania Oriental, estaba a plena capacidad de funcionamiento cuando se desmoronó el Muro de Berlín y no tuvo modo de contener a las determinadas masas de personas que se lanzaron reclamando libertad. También en Rumanía, Checoslovaquia y Polonia el cambio de sistema sorprendió a los gobernantes totalitarios con sus respectivos aparatos de inteligencia y fuerzas de la policía política intactas. Lo mismo sucedió hace apenas unos días en Túnez y Egipto. ¿Por qué razones Cuba estaría condenada a un desenlace distinto de ocurrir posibles manifestaciones populares?

 

Las tropas del ministerio del interior tienen una esencia represiva, criminal y de insensibilidad hacia el pueblo. Están formadas en la práctica impune de ser los castigadores de la población, y responden fielmente como perros de presa a los designios de sus amos, esa casta gobernante que controla el poder mediante el uso despiadado de la fuerza y el servicio a su conveniencia de leyes arbitrarias e injustas.

 

Pero no es la situación del ejército. Los altos mandos se muestran leales a la élite política, porque condicionan su obediencia a la garantía de los privilegios y prebendas que reciben. Aunque esos militares de alto rango no son recuperables por su estado de comprometimiento con el poder, los cuadros intermedios y las tropas llanas difícilmente se presten para masacrar a sus coterráneos. Ellos no están preparados para disparar a mansalva a sus familiares, amigos y compatriotas, jamás ha sido parte de su misión. Llegado el momento los oficiales intermedios y soldados, como en Egipto, Túnez, Alemania o Rumanía, terminaran aliándose junto a su pueblo.  

 

Con demasiada frecuencia los análisis sobre la situación cubana ignoran las circunstancias que han llevado a la población a evitar los costos del enfrentamiento político. El ser humano, ligado al instinto de conservación, tiende a buscar la salida menos traumática para resolver sus problemas vitales. Hasta ahora, la población ha utilizado como mecanismo de compensación para su supervivencia la vía de escape encontrada en el conjunto básico de los magros salarios de los trabajadores, los escasos servicios y recursos subsidiados por el Estado y el acceso cotidiano al imprescindible mercado negro.

 

Es precisamente este mecanismo compensatorio de supervivencia elemental el que está llamado a desaparecer o deprimirse considerablemente a consecuencia de la política que encabeza el gobernante Raúl Castro, quien asume la implementación de los denominados ¨Lineamientos del Partido¨ como la única alternativa de salvación de su fracasado Sistema. El diseño de ese engendro estratégico será sometido para su aprobación en el anunciado Congreso de los comunistas, que tendrá lugar a finales del mes de marzo.

 

En medio de las crecientes condiciones de miseria y encarecimiento de la vida, los Lineamientos del Partido plantean la necesidad insoslayable de expulsar de sus empleos a más de un millón de trabajadores, los que quedarán en total desamparo. Además, estipulan el cierre de las empresas estatales irrentables e insisten en la eliminación gradual de los servicios y productos que subsidia el Estado.

 

También se refiere en el documento partidista que la masa crítica de desempleados podrá ser absorbida por el emergente sector privado, al que denominan no estatal, y que recientemente fue autorizado a resurgir mediante la autorización de licencias que permiten la realización de 178 categorías de negocios privados, de poca significación económica y bajo reglas asfixiantes. 

 

Para despejar la incógnita de por qué en Cuba no se han desarrollado grandes manifestaciones sociales, hay que valorar en su justa medida las variables que actúan directamente influyendo en la supervivencia.

 

Hace unos meses al mandatario boliviano, Evo Morales, se le ocurrió aprobar por decreto el aumento del precio de la gasolina, en lo que fue conocido como el ¨gasolinazo¨. Tal acción provocó manifestaciones y disturbios a gran escala en todo el país suramericano, hasta que el gobernante indígena dejó sin efecto la medida y ordenó restablecer los anteriores precios. Una medida parecida se adoptó en la isla, donde se incrementó por esos tiempos el precio de la gasolina y de la población no surgió la más mínima reacción de protesta.

 

La razón de estas diferencias radica en el hecho de que, al igual que en el resto de las naciones normales, la supervivencia del pueblo boliviano depende de la economía legal, donde se incluyen la privada y la estatal. Una subida de precio de un producto básico como la gasolina genera incremento en los demás productos de primera necesidad y afecta la dinámica de vida de la población. En cambio, la economía de subsistencia de los cubanos es el mercado negro y se abastece fundamentalmente de la corrupción, el desvío de recursos, el robo en las empresas estatales y otros actos de ilegalidad. Alternativa que sirve de colchón para compensar cualquier variación salida del monopolio casi absoluto de la economía del Estado.

 

A ningún cubano le rinden más allá de una a dos semanas las 4 libras de azúcar que el Estado distribuye por persona mensualmente a través de la cartilla de racionamiento. No obstante, en términos generales ningún cubano completa sus necesidades de azúcar comprando el faltante en la red de tiendas estatales que venden sus productos en divisas. Resulta que donde todos suplen esas necesidades es en el mercado negro. Igual sucede con la sal, el huevo, el arroz, la gasolina, el cemento y muchos otros productos y materias primas sustraídas de los almacenes y establecimientos estatales.

 

Ahora se puede razonar que de los 500 mil trabajadores que serán despedidos inicialmente unos 300 mil son activos participantes, de una u otra manera, en la dinámica de funcionamiento del mercado negro, donde una vez fuera de sus trabajos dejarán de aportar de golpe los recursos y productos a su alcance hasta ese momento. Digamos, los choferes le sustraen parte del combustible a sus automóviles del Estado y lo venden en la economía informal. Los farmacéuticos venden las medicinas y el alcohol que se roban de los dispensarios. Las oficinistas venden por la izquierda los paquetes de hojas que logran apropiarse subrepticiamente. Así sucesivamente se conforma la cadena general de la economía subterránea, donde la mayoría del pueblo encuentra alivio a sus desesperantes limitaciones y carencias.

 

Lo más significativo de toda esta historia es que por primera vez la cúpula gobernante amenaza con desarticular el mecanismo de escape de la población, único espacio que todavía le permite algún respiro para garantizarse la supervivencia, aunque sea en condiciones muy precarias. Este nuevo experimento suicida, contenido en la política de los Lineamientos, deja al pueblo acorralado y sin salida. Más si se consideran las circunstancias actuales matizadas por el colapso casi total de la economía nacional, responsable del desabastecimiento crónico y un malestar generalizado en la población.

 

Las autoridades del régimen no están ajenas a la realidad, tienen una nítida percepción del fracaso total de su modelo y de la única alternativa a la que empujan al pueblo; el Estallido Social. Lo peor de la encrucijada en  que se encuentran es que comprenden que el Sistema que han sostenido por décadas está arruinado, su economía no funciona ni tiene posibilidades de reformarse bajo el actual modelo totalitario, y ellos no resisten la más mínima apertura política sin perder el control del poder. Su comprometida estabilidad está armada sobre la base del subsidio venezolano, el que cada día se torna más inseguro por la creciente pérdida de popularidad del presidente Hugo Chávez y el desgaste de su proyecto dictatorial, cuyas señales apuntan a que perderá las próximas elecciones presidenciales del 2012.  

 

Lo anterior se comprueba observando que la élite política ha frenado los planificados despidos, también el anunciado cierre de las empresas no rentables, y resultan mínimos los productos eliminados hasta ahora de la cartilla de racionamiento. La lectura de esas vacilaciones de la cúpula gobernante es que por mucho temor que les despierte el resultado de sus drásticas medidas, no tienen opción, están obligados a implementarlas dado el insalvable nivel de su quiebra. El pueblo tampoco tiene alternativa, inmerso en su profunda miseria tendrá que responder como el gato una vez que el perro lo acorrala.

 

Hay quienes piensan que la actual crisis interna es comparable a la de los años 90´, cuando el régimen encontró paliativos que le ayudaron a salir del fondo en el que cayó. Eso es falso. En aquel momento tuvieron la opción de beneficiarse de la inversión extranjera, abrirse al turismo, permitir la circulación del dólar, estimular las remesas familiares y autorizar los negocios privados; alternativas que aportaron liquidez fresca y considerable a las arcas del Estado. Esas maniobras facilitaron, además, el desarrollo y consolidación del mercado negro y su rol en la supervivencia del pueblo.

 

En la actualidad la inversión extranjera está seriamente comprometida por el enorme endeudamiento de la nación y la ruptura de reglas básicas, como el incumplimiento en los pagos de los compromisos contraídos con el empresariado extranjero y el injustificable congelamiento de parte del dinero depositado por esos empresarios en los bancos cubanos. El turismo ha crecido en el número de visitantes pero decrece en las ganancias que reporta, principalmente por la pésima competitividad de sus servicios. Las remesas y el propio turismo han sido sensiblemente afectados por la medida draconiana de imponer al dólar un gravamen del 20 %, lo que desestimula el envío de dinero a la isla y encarece los precios a los turistas. Qué decir del abismo generado en la economía por la dualidad de monedas, problema al que no se le avizora posibilidad de solución en el corto o mediano plazo. Termina de ensombrecer el cuadro la espeluznante carencia de liquidez de ambas monedas, las divisas convertibles y también el peso cubano, de este último circulan miles de millones entre la población sin retorno al Estado, por la depauperación en la oferta de los productos y servicios estatales.   

 

Un aparte merece la actual legalización de los negocios privados, que algunos politólogos consideran como apertura y hasta le encuentran parecido a las exitosas reformas económicas aplicadas en China y Vietnam, lo que resulta una valoración ingenua y equivocada.

 

Los modelos de capitalismo de Estado introducidos por las referidas naciones asiáticas, se debieron primero a un cambio en la mentalidad política de sus clases dirigentes, que facilitó la posterior apertura económica. En China fue Deng Xiaoping el que condujo las reformas a finales de los años 70´, y comenzó por ir liberando la economía y asumir la filosofía de que enriquecerse es glorioso. En el caso de Vietnam el despegue empezó tras alejarse de los esquemas de economía marxista, luego del Sexto Congreso del Partido en 1986, cuando decidieron, además, el retiro forzoso de los cuadros de mayor edad que se resistían a los novedosos cambios.

 

En Cuba la supuesta reforma económica la lideran los mismos ancianos que con su mentalidad retrógrada han hundido al país en la miseria, y no ocultan su intensión de combatir la creación de riquezas a manos del emergente empresariado privado. Tampoco dirigen los cambios al control de la economía por el mercado, sino que apuestan por mayor planificación y control estatal, cuestión que representa una radicalización del centralismo económico.

 

Entre las contradicciones insuperables de las actuales medidas económicas destacan, la inexistencia de una infraestructura mayorista que suministre las materias primas, y los comerciantes sólo pueden abastecerse de la red minorista a precios exorbitantes en divisas. Los impuestos estipulados para la legalización de los negocios son leoninos, sobrepasan el 60 % de las ganancias brutas, y no dan margen a que se consolide una red de negocios independientes. Los cambios económicos no se acompañan de una legislación jurídica que respalde el libre ejercicio de las actividades privadas. Aunque está planificado expulsar de sus trabajos al 25 % de la fuerza laboral, el gobierno asegura que harán todo lo posible por desestimular la contratación de mano de obra, aplicando un impuesto progresivo en la medida que sea mayor el número de trabajadores contratados por los comerciantes.

 

Constituyen otros serios obstáculos la grave descapitalización de la sociedad y el aplastante impacto de la incontrolable burocracia estatal, que con su dinámica viciosa se fortalece parapetada en la parálisis de las iniciativas de cambios. También influye que el Estado no cuenta con disponibilidad de abrir bancos de créditos para financiar los préstamos que necesitan la mayoría de los que pretenden aventurarse a montar negocios privados.

 

El desastre económico del régimen es tal que, a pesar de ser una nación netamente agrícola, importa cerca del 80 % de los productos agroalimentarios que se consumen en el país, por los que desembolsa anualmente alrededor de 1500 millones de dólares. Esta situación ocurre en una época donde se han disparado los precios de los alimentos en el mercado mundial, y los pronósticos no indican que bajarán en el futuro inmediato.

 

La luz al final del túnel para el saneamiento económico depende concretamente del éxito en la reforma de la agricultura. Los hermanos Castro han dejado claro que no aplicarán el único esquema con resultados positivos en medio de la inoperante centralización económica, el campesinado libre. En vez de apostar por entregar la tierra en propiedad a las personas que deseen hacerlas producir y liberalizar las actividades agrícolas, como funciona la agricultura en los demás países, prefieren insistir en el fracasado modelo del usufructo, o sea, otorgar parcelas de tierras ociosas manteniendo la titularidad estatal y sin abrirse al juego libre de la producción, distribución y comercialización. Algo nada estimulante.

 

La chispa que encendió las actuales revueltas populares en la región árabe del norte africano se relaciona con uno de los habituales atropellos de la policía contra un desesperado comerciante de poca monta.  De ese incidente aparentemente insignificante surgió la reacción en cadena que ya lleva dos regímenes dictatoriales derrocados y amenaza con la caída de otros. En Cuba la pólvora está regada por todo el territorio nacional y cualquier evento fortuito puede convertirse en detonante. Sólo basta interpretar el significado de acontecimientos recientes, como la manifestación que protagonizaron decenas de jóvenes en un cine de Santa Clara, la huelga durante varios días de los cocheros en Guantánamo, el paro de los trabajadores del coloso azucarero Urbano Noris en Holguín, las manifestaciones populares desatadas por desalojos en Santiago de Cuba y Guantánamo, o la protesta callejera de vecinos en Punta Brava por la deprimente situación con el abasto de agua.

 

Soplan fuertes vientos democratizadores impulsados por la modernidad. La humanidad vive una nueva era revolucionaria donde prevalece el despertar de los pueblos ungido por los valores democráticos que propugna la cultura occidental. La sociedad cubana no está desconectada de la globalización que hoy define la convivencia de las naciones. Igual que la tunecina, la egipcia, la libia o iraní ya apesta demasiado la dictadura de los Castro. Más temprano que tarde la influencia de la ola libertaria del mundo árabe arrastrará a los cubanos a reclamar masivamente en las calles el cambio de régimen, libertad, aperturas democráticas y prosperidad. Absolutamente, no hay diferencias.


domingo, 13 de febrero de 2011

Mensaje a los miembros del Caucus Negro del Congreso de los EE.UU.

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la Plataforma Consenso Cívico

por Darsi Ferrer

4 de febrero de 2011

 

 

La Habana, Cuba

Distinguidos legisladores:

La actual separación que sufren el pueblo cubano y el estadounidense, fruto de errores y desvirtuaciones con forzado carácter de obsesión, impiden los vínculos naturales, geográficos, históricos, culturales, sociales y políticos que siempre marcaron las plenas y beneficiosas relaciones entre nuestras dos sociedades. De las dos naciones la cubana es la más afectada por este desacierto histórico. Más allá de esta lamentable situación, la realidad es que el progreso de los Estados Unidos significa, de una manera u otra, la posibilidad de progreso para el pueblo de Cuba.

El pretexto sostenido por la clase gobernante de la Isla para entorpecer los lazos bilaterales es la supuesta independencia del tutelaje norteamericano. Esa justificación sólo expresa los caprichos personales de un tirano que obliga a nuestra sociedad a pagar un alto precio en miseria, represión y obstinado aislamiento de nuestro vecino del Norte y del resto del mundo occidental. 

Resulta un hecho  innegable que la decisiva ayuda y amistad recibida de Norteamérica no sólo permitió definir la anhelada independencia en el indeciso conflicto bélico librado contra la metrópolis española, sino que ofreció la oportunidad de construir una República, además de facilitar la puesta en marcha de una pujante dinámica de desarrollo nacional.

Los EE.UU. también garantizaron que Cuba quedara protegida del intervencionismo de las potencias europeas de la época, las que con el apoyo de sus flotas marítimas buscaban nuevos territorios para someterlos al coloniaje. Y en el triste presente, constituye un celoso vigilante de los desafueros de la violencia castrista y un vecino generoso donde los cubanos que huyen de la dictadura han encontrado un segundo hogar.

Estos importantes gestos son despreciados por la política oficial que nos oprime y su aparato propagandístico que los distorsiona u omite, relegándolos por conceptos extraños a la idiosincrasia y buen sentido nacionales. Pero el pueblo cubano no los olvida y saldrán otra vez a la luz cuando la libertad sea nuestro estado natural consagrado por las leyes.

El reciente discurso del presidente Obama a la nación norteamericana fue muy estimulante para los demócratas cubanos que deseamos el bien de nuestro pueblo. El Caucus Negro que ustedes conforman representa una parte importante de las fuerzas que su Presidente invocó para  materializar el empeño de relanzar su grandioso país.

Nosotros estamos interesados en conocer qué proyectos impulsará el significativo grupo legislativo que ustedes representan para contribuir a configurar tan magna y difícil meta. Nos preocupa especialmente que los cambios anunciados se instrumenten, como tiende a ocurrir hasta el presente de la administración Obama, sobre la base de un mayor estatismo.

Consideramos que tal práctica implica un grave riesgo debido a su letal toxicidad a mediano plazo, cuyos dañinos efectos pueden verse reflejados entre las principales causas de la grave crisis económica, financiera y crediticia que recientemente sufrió EE.UU., así como en la quiebra posterior de países occidentales como Grecia e Irlanda, y también en la precaria situación económica que atraviesan España y Portugal.

De acuerdo a las medidas tomadas por la administración Obama durante sus dos años de gestión, la injerencia del Estado en la dinámica económica de la sociedad estadounidense tiene una incidencia perniciosa, como lo refleja el incremento a niveles nunca antes visto de la deuda pública nacional. Evidentes señales del crecimiento del Estado son las estadísticas que refieren que en la actualidad en EE.UU. existe un número preocupante de empleados estatales.

El impacto directo por esa situación compromete el saludable principio de la creatividad y la pujanza de la economía de mercado, que constituye el rasgo esencial que desde su conformación sustenta el dinámico desarrollo de los EE.UU., con sus sanos instrumentos de castigo al fracaso y a la incapacidad, y de estímulo al empeño y al éxito. La tentación de poner al Estado a jugar un rol cada vez más amplio dentro de la sociedad, a nuestro juicio, más que beneficiar la recuperación económica tiende a perjudicarla irremediablemente.

Tememos que las brillantes ideas expresadas por su Presidente resulten seriamente dañadas en sus propósitos por una nociva insistencia de la injerencia estatal en los asuntos ciudadanos, y que donde deba primar el principio del libre ejercicio de la economía y la oportunidad en un limpio juego de oferta y demanda se continúe hipertrofiando la nociva presencia del Estado.

La raza negra tiene un representante ocupando el más alto puesto del mundo libre. Esto es un logro y a la vez un merecido homenaje a tantos antepasados que fueron forzados a emigrar y a vivir y morir como esclavos. También es un tributo merecido a todos aquellos que supieron hacer valer sus derechos en una sociedad que los segregaba. La base democrática y libertaria,  que es el fundamento de los Estados Unidos, permitió que ese noble propósito se consolidara.

Por todo ello, es un especial honor y responsabilidad del Caucus Negro velar porque los intereses y valores norteamericanos, que ya son universales, no sean frustrados en su fin, por muy buenos propósitos que se tengan. Estamos convencidos de que Estados Unidos es la nación líder del mundo no sólo por su enorme riqueza y posibilidades económicas, técnicas y financieras, sino por los valores de derechos y libertades que han consolidado en su rol de baluarte del desarrollo y la prosperidad mundial.

Por nuestra fe de que en gran medida la futura libertad y el progreso de Cuba va a estar basado en el éxito de esas premisas, quisiéramos conocer cuáles son los proyectos de esta noble y alta institución legislativa para ayudar a consolidar su éxito. 


La ola de modernidad que recorre el mundo árabe

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

3 de febrero de 2011

 

La Habana, Cuba. Inesperadamente en todos los regímenes dictatoriales o seudodemocráticos del Magreb, del Medio Oriente y hasta en la Península Arábiga, lo que constituye una vasta región geopolítica que parecía inmune a los aires de libertad y democracia, ocurre en estos momentos un fenómeno telúrico, apasionadamente popular, extraordinariamente moderno y único en la Historia. Ni siquiera la asombrosa caída en efecto dominó de los países del otrora Campo Socialista se le asemeja en pasión popular y velocidad.

 

Esos acontecimientos que por estos días se presencian en el mundo árabe han convulsionado a la comunidad internacional, pero no hasta el punto de ignorar o desvirtuar sus extraordinarios medios y objetivos. El movimiento al unísono de grandes masas populares reclamando libertad y democracia desde Marruecos hasta el Yemen es consecuencia de la modernidad que traen consigo las redes sociales, los teléfonos celulares y la Internet , sin olvidar el apoyo que les resulta a todas esas naciones la comunicación en la misma lengua.

 

La tibieza y extremado escepticismo por parte de Occidente y Estados Unidos a la hora de apoyar abiertamente la naturaleza libertaria y moderna, completamente espontánea, de todos esos millones de ciudadanos árabes, por la preocupación del fantasma de un latente islamismo furibundo no ayuda en nada a consolidar una situación ya lanzada, y más bien contribuye a complicarla.

 

Principalmente Estados Unidos y la Unión Europea deberían abandonar los temores a los resultados de los valores occidentales que desde hace años fomentan por el mundo. Este acto de osadía popular es un vibrante efecto positivo de la globalización surgido de manera natural. No es una conjura de alguna siniestra agencia de inteligencia, ni un plan secreto de los ilumínate, ni siquiera una operación de Al Qaeda, los talibanes o alguna camada de viejos ayatolas.

 

¿Cómo no identificar en todas sus dimensiones este hecho único? No apoyar abiertamente o descalificar a priori las realidades que han movido estos cambios que desean millones de individuos lo único que demuestra es una penosa y desfasada mezcla de altanera incredulidad cultural, racismo ideológico y menosprecio intelectual ¿Por qué no concebir que los árabes africanos también pueden darle una sorpresa agradable al mundo? Y entiéndase bien, no se propone un intervencionismo extranjero en esas naciones, sino la capacidad de deslindarse por la soberanía popular claramente manifiesta y espontánea frente a la tozudez de un corrompido poder dictatorial.

 

La falta de una enérgica respuesta de Occidente es muy frustrante para las personas que ahora reclaman democracia y libertad, y representa una mala huella en la memoria para los que en un futuro también las reclamarán.

 

En caso de circunstancias similares en Cuba, ¿qué podría esperar la nación antillana?  ¿Una actitud de recelo ante la acción salida del mismo pueblo? ¿O se buscaría infructuosamente una segunda amenaza oculta y latente antes de pronunciarse por apoyar los justos reclamos democráticos de la nación cubana? Una respuesta de ese tipo podría describirse como “comprar pescado y cogerle miedo a la cabeza”.

 

Y es que el sólo hecho de que en Egipto se haya suspendido la señal de Internet y el servicio de teléfonos celulares, intentando acallar el mecanismo de comunicación y estímulo del pueblo movilizado contra la dictadura, que motivó como respuesta inmediata la capacidad de improvisación tecnológica de las masas amotinadas para saltarse esos obstáculos, son ya prueba fehaciente de la naturaleza profundamente moderna del alzamiento popular.

 

Y cabe preguntarse, ¿a qué vienen las vacilaciones de importantes naciones democráticas? ¿Por qué se cree que personas que son capaces de utilizar masivamente y con mucho ingenio las herramientas modernas de las comunicaciones, van a permitir luego que las sometan a la condición de víctimas pasivas y tolerantes de un movimiento sedicioso y oscurantista de los islámicos que puedan estar al acecho, y dejarse borrar como protagonistas de los actuales procesos?

 

Es conocido que organizaciones como la Hermandad Musulmana, extendidas por todo el Medio Oriente, tienen un programa anti moderno de gobierno y de organización de la sociedad, apostando por teocracias intolerantes para dirigir a los pueblos. El peligro que pueden representar esos extremistas se hizo valer hace más de veinte años en Argelia. De hecho, es bueno tener en cuenta que su tipo de programa para gobernar en absoluto no significa una realidad inamovible.

 

La pujante capacidad de trasmisión de valores occidentales de los medios masivos de comunicación modernos sorprendió a todos. Se han extendido firmemente por amplias capas de la población árabe y musulmana, los que con entusiasmo se identifican con sus propuestas de progreso, democracia y libertades. Es probable que con estas acciones libertarias una porción significativa de una amplia masa de ciudadanos árabes de poca cultura, víctimas preferidas del oscurantismo de los extremistas islámicos, se sientan amenazados en sus tradiciones y normas de vida. Pero no son fuerzas que tengan la capacidad de movilización y firmeza ante objetivos permanentes de desarrollo que son, a su pesar, necesarios para sacar a esos países de la precaria situación económica, social y política establecida por el inmovilismo instaurado por sus regímenes decadentes y represivos.

 

La presente administración Obama ya debía estar más que pasada del concepto rooseveliano referido a los dictadores aliados de EE.UU: “Es un H. P., pero es nuestro H. P.”  En tal sentido, no hay diferencia entre Trujillo o Mubarak. Con tristeza se recuerda la frustrante actitud pasiva y titubeante del gobierno estadounidense frente a los sucesos de rebeldía democrática ocurridos el pasado año en Irán, como resultado de las fraudulentas elecciones, hecho que debería haber dejado una lección conclusiva para la actividad e influencia exterior de ese gran país: la política  y la ética no marchan por distintos caminos.

 

Más lamentable aún es la miope reacción del gobierno israelí de apoyo a un tirano en caída como Hosni Mubarak, ignorando completamente los justos reclamos del pueblo egipcio. El premier Netanyahu se conduce por estrechos intereses geopolíticos mal encaminados, pese a todo lo justificado y oportuno que parezcan para los intereses de su nación. Esa decidida apuesta por Mubarak sólo puede calificarse de frustrante y nada coincidente con los valores democráticos que pretende defender para su propio pueblo. 

 

El lastre de las indecisiones provenientes de naciones democráticas claves en la arena internacional le han dado un aire extra a Hosni Mubarak para intentar resistir y no soltar el poder. Las tropas del ejército egipcio, hacen lo posible por dar la impresión de que son testigos imparciales y garantes del orden, pero lo cierto es que por estos días están permitiendo el desplazamiento por las carreteras que controlan y el acceso a las plazas tomadas por el pueblo egipcio a fuerzas paramilitares simpatizantes del dictador, armadas con objetos contundentes y presurosamente agrupadas en sitios distantes.

 

Varios choques sangrientos entre esas fuerzas represoras y los manifestantes que piden la renuncia del dictador se han producido ya en determinantes centros urbanos como Alejandría, Port Said y El Cairo. Con estas acciones organizadas por el régimen se hace evidente que la dictadura egipcia se dispone a vender cara su vida, perfilando una situación de guerra civil inminente. Occidente y los Estados Unidos en particular deben convencerse de que la dilación de los disturbios e inestabilidad en la nación egipcia, que hace rato debería estar resuelta con la salida de Mubarak del poder, es justamente secuela de la poca energía al reclamar esa solución con sus medios diplomáticos y de presión económica.

 

Permitirle a Mubarak permanecer más tiempo en la silla presidencial sólo traerá una situación caótica, muy peligrosa para la región debido al peso geopolítico de Egipto, justamente lo mismo que ahora pretenden evitar con su desafortunada prudencia.

 

En lo que a Cuba toca, los acontecimientos que se desarrollan en el mundo árabe demuestran otra lección muy importante que ha quedado en claro: los pueblos de esta Era de la Internet ya no toleran dinastías familiares que pretenden pasar el poder absoluto de padres a hijos, como si se tratara de un negocio familiar. Si los Castro continúan empeñados en ese tenebroso asunto, que contemplen como en Egipto y Yemen han quedado desguazadas intenciones parecidas.

 

Y no es difícil deducir que el impacto liberador de los incidentes del norte africano más tarde o más temprano se propagará por otras latitudes. El efecto tremendo que traerá la caída o amansamiento de los regímenes dictatoriales árabes producirá un fenómeno de sacudidas sociales a nivel mundial. Los pueblos oprimidos serán estimulados a aprovechar cualquier migaja de Internet, cualquier espacio de modernidad comunicacional que les caiga en las manos para movilizarse y quitarse de encima a cúpulas de aberrados abusadores que se creen inamovibles. Y ocurrirán inesperados derrumbes en sitios espantosos y oscuros como Corea del Norte, Myanmar o Cuba.

 

Es el signo de los tiempos de libertad que nos han traído los medios modernos de comunicación y las redes sociales que se van creando. A esta Isla del Caribe también le corresponderá pronto su hasta ahora negado pedacito de cielo.


lunes, 17 de enero de 2011

El futuro esplendoroso de Cuba sin los Castro

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

10 de enero de 2011

La Habana, Cuba.  El tiempo es el padre de la verdad, reza un viejo refrán inglés, y ya es tiempo suficiente para no seguir viviendo y creyendo como destino una mentira.


El régimen de los hermanos Castro ha sido exitoso en convencer a los cubanos, y al mundo, de su estrecha y tenebrosa visión del futuro de la isla. De modo incansable deforman las perspectivas personales y de pueblo. Lucran con el mensaje de una lúgubre e inamovible imagen de porvenir macabro, una especie de decadente destino manifiesto y, sobre todo, la proyección de una sombría y aburridísima visión fatalista, que se sustenta en enervar sentimientos de extremo rencor, violencia, rechazo y pesimismo.


Esa casta militarista de ineptos mandones, anquilosada en el poder desde hace más de medio siglo, se presenta como la única solución posible no ya de vida, sino de supervivencia atroz. Igual al guión de otros regímenes totalitarios, anuncian con dramatismo el final indescriptible si no se continúa trillando el sendero de miseria por donde conducen al rebaño. Otra opción, es decir, que el pueblo decida por sí mismo y no por lo que atosigan desde sus perennes e inalcanzables tribunas, sería enfrentar un abismo insondable de desgracias y hasta la desaparición de la nación, vociferan sin coto.


El mensaje aterrador parece tomar cada vez más presencia en las vidas de los cubanos que lo sufren, máxime con las medidas brutales de choque que ya se están aplicando a un nivel de vida de magra supervivencia diaria, sin que a los perpetradores les importe todo lo que esto provoca de vicisitud, mayor empobrecimiento, miseria y represión en los sobrecogidos habitantes de la isla.


Pretenden que esa manera de ver la realidad termine transformándose en algo cada vez más cotidiano y hasta cultural. Y persisten en la infamia de endilgarle a la sociedad el sentimiento de constante culpa, haciéndola responsable de su propia miseria. Han convertido en insufrible rutina el sometimiento de la población mediante el despótico uso de sorpresivas encerronas de leyes draconianas que aplican para sus emboscadas represivas.


La última sesión de la Asamblea Nacional da la descarnada pauta de toda esta perversa estrategia criminal y abusiva. El abismo bordeado que describió el gobernante Raúl Castro en su discurso tremebundo, parece ribeteado del Apocalipsis inminente que el Caudillo mayor aun martillea con inconexos textos desde su irreversible decadencia.


En lamentable asistencia de lacayo, otro envejecido aparatchnik con baldón de diputado nacional, hasta proclamó que el desastre cada vez mayor al que ellos mismos nos abocan “es la última oportunidad de salvar el esfuerzo de varias generaciones”. Y no se le raja la garganta al decirlo, como si no bastara con mirar el entorno para con tristeza tener constancia de que ese esfuerzo generacional, que desde el mismo próspero principio acompañó a la República hace ya más de cien años, fue despilfarrado con creces y sin escrúpulos por los que dicen defenderlo sin relevo posible. 


La combativa oposición pacífica, lo mismo dentro que fuera del país, pese a su rechazo a la dictadura y del duro sufrimiento que le ha significado una lucha tan desigual por democratizar la nación, también ha terminado siendo víctima de este mensaje horrendo. Lamentablemente, y lo decimos con verdadero dolor, se ha limitado a criticarlo, denunciarlo, pero no ha sido capaz de ofrecerse y entregar a todos otra visión perspectiva, y convincentemente atractiva de nuestra patria, del futuro de libertad y derechos que merece la sociedad.


En un cúmulo de conflictos provocados por la brutal y despiadada represión, mezquinas ambiciones personales y la falta de un propósito nacional aunador, aunque también con sobradas virtudes, la oposición no ha logrado sustraerse al escenario de aparente destino inamovible con que machaconamente la dictadura se ha dedicado a intoxicar y paralizar las fuerzas renovadoras de la sociedad. El exilio o la desesperanza por lo general han sido las soluciones más recurridas.
Ni siquiera la joven generación de blogueros, periodistas independientes y nuevos contestatarios ha escapado de esta mala influencia. Su mensaje fresco, dinámico y rebelde, pese a estar a caballo de una audaz modernidad tecnológica que ha sido y es muy efectiva para difundir por el mundo la voz de los que no están conformes, tristemente no supera los estrecho límites prefijados por el régimen castrista para el escenario nacional. Como el de la maltratada oposición que resiste durante años, siempre a la zaga de las acciones del vetusto régimen, criticando sus desmanes, lamentando la vida que se lleva y advirtiendo más desastres.


Digámoslo sin embragues: todos los que deseamos el bien de la nación hemos sido quejosos, plañideros y depresivos, sin darnos ni ofrecer un aliento alegre y concreto de la Cuba que podemos ser.


Es cierto que la denuncia de los crímenes de la dictadura y de la violación de los Derechos Humanos es impostergable. Pero no podemos limitarnos a eso. Reconozcamos que toda la tétrica bobería que arma está agotada etapa histórica que se rehúsa a acabar de desaparecer ha podido avanzar hasta este punto sublimado de apoteosis apocalíptica porque nos hemos dejado imponer la visión de hecatombe inminente del destino que nos han designado.


No estamos ofreciendo a nuestro pueblo, al mundo, a nosotros mismos, un escenario diferente, real y convincente, la Cuba futura que queremos y que todos llevamos como esperanza en lo más profundo del corazón. Pertenecemos a una tierra bendecida y pletórica de potencialidades y oportunidades para todo ¿Acaso es válido pensar que no la merecemos?


Pero lamentablemente no se ha creado este mensaje, esa propuesta que haya captado la esperanza y el entusiasmo de la confundida masa del pueblo. Quizá el error esté en no habernos convencido los que alzamos nuestra voz inconforme del propio sueño de progreso y desarrollo basado en la libertad y el derecho. Tal vez esta falta de convicción, aplastada por la persecución brutal, sobrecogida por la amenaza o la efectiva sanción de años de prisión, no es capaz de hacer saltar la chispa de esperanza en nuestros asustados compatriotas, ya sean víctimas o victimarios.


Lo primero que tenemos que estar seguros es que nuestra Cuba no va a ser un nuevo y desagradable competidor, un obstáculo para el desarrollo y progreso de la región. Debe trabajarse intensamente por borrar la mala impronta de esa visión de amenaza velada creada durante medio siglo de ejercicio castrista, de esa robusta imagen de un estado obsesamente camorrista y subversivo que siempre intenta dominar y perjudicar los destinos de los pueblos del Continente, y que a su vez padece de un eterno lastre geográfico por la vecindad con el "monstruo del Norte". Expulsemos toda esa fanfarria desatinada y tramposa.


Los arrolladores avances tecnológicos de las comunicaciones, esos de los que el presente sistema represivo ha intentado inútilmente aislarnos, una vez sin obstáculo de acceso nos darán el vehículo de modernidad necesario para integrarnos con rapidez y dinámica a la corriente civilizadora y de progreso de la globalización. Y si levantamos nuestra mirada podremos ver que a escasos centímetros de nuestro cielo se encuentra la sombrilla tecnológica más desarrollada del planeta.


Para cambiar el rumbo lo más importante, lo verdaderamente determinante es que cada uno se atreva a desembarazarse de esa imagen de nación condenada y descubra dentro de sí el deseo imperioso de una Cuba para nosotros, una casa que queramos hacer cada vez más bonita y acogedora y que nos embriague de deseos de vivir en ella, no de huir derrotados, buscando vida en el extranjero. Este es nuestro país y va a serlo mucho más en un futuro.


Para este sueño de bienestar y progreso posibles, todos los cubanos, absolutamente todos, debemos abrir nuestra imaginación, debemos largar la cotorra repetidora de sandeces de nuestro espíritu  y liberar el sinsonte criollo de vibrante trino para que despliegue su alegre vuelo. Tenemos que convencernos y convencer a nuestros aprensivos vecinos que nuestra geografía insular, nuestra naturaleza de llave del Golfo, una vez librados del sudario totalitario que ahora nos limita, va a ser una bendición para la economía, la cultura y el avance del área y hasta del Hemisferio.


Concretamente, antiguos proyectos de desarrollo geográfico que fueron abandonados por el espejismo ideológico hace más de medio siglo, continúan siendo vigentes, sobre todo por la capacidad de enlazarnos con esa área que nos teme y demostrarles lo beneficiosos  que podemos ser para sus países. Recuérdese el proyecto de enlazar Key West con La Habana por una línea de ferris y, a través de Pinar del Río, con Cancún. La moderna ingeniería que transforma  radicalmente al mundo con proyectos osados va a permitirnos ser una oferta muy atractiva de trabajo y audacia tecnológica, haciendo un enlace permanente entre las tres orillas: las del territorio norteamericano, el cubano y el mexicano, uniendo en firme los tres países y dando una fenomenal vía de acceso de toda la muy poblada y rica costa atlántica del Continente Norte al turismo y desarrollo general cubano, mexicano y centroamericano.


Otro proyecto podría ser retomar la construcción del Canal de Matanzas, el que enlazaría las aguas del Mar Caribe con las del estrecho de la Florida. El viejo fantasmón de la nación dividida por un canal no puede asustarnos a estas alturas, estando de vuelta de todos los nacionalismos paralizadores. Un proyecto como este, fácil  de ejecutar en muy poco tiempo, permitiría atraer el paso por el mismo de las muy abundantes rutas de navegación con carga de América del Sur. Sería una oferta muy atractiva pues ahorraría más de cien millas de trayecto marítimo alrededor de Cuba, en dirección hacia los dinámicos puertos de destino del sur de los Estados Unidos. El cobro de modestas franquicias de paso y el desarrollo paralelo de todo tipo de servicios a todo lo largo de la ruta del canal darían enormes posibilidades de empleo y negocios permanentes.


Las regiones orientales de nuestro país también tendrían su oportunidad haciendo uso de ese espíritu de desarrollo del enlace regional como fuente de riqueza. El progreso que traería para esa región cubana al enlazarla abierta y firmemente con Haití, República Dominicana y Puerto Rico serviría de puente geográfico para el gran mercado norteamericano. Sería el primer paso para más adelante conectar las grandes Antillas con las menores, fortaleciendo de manera concreta la unión y desarrollo pujante del área del Caribe.


Estas propuestas sin duda pueden ser mejoradas y más que seguramente superadas por la iniciativa, creatividad y la pujanza que los cubanos de todo el mundo puedan sentirse llamados a ejercer en un país más suyo de lo que lo fuera nunca. Pero, y lo repetimos muy seriamente, para que eso sea una realidad cada vez más cercana, lo primero que hace falta es quitarse la dictadura de la mente y del alma. Y lo debemos hacer sin dudar.


El sistema que nos oprime es un tejido extinto y fétido que está intentando resistirse a la fuerza de gravedad que se lo está llevando a la tumba. No debemos permitirle dejarnos de forzada herencia esta lobreguez de espíritu, esa sentencia de exclusión y miseria de por vida. Somos tremendamente occidentales, modernos, alegres y emprendedores. Pensemos con amplio optimismo en nosotros y en el país que queremos, y seremos capaces de trasmitirles esa esperanza a nuestros hermanos en cualquier parte del mundo.


La nefasta Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata, 2010

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

3 de enero de 2011

 

La Habana. La exclusión del gobierno de Honduras en la última Cumbre Iberoamericana arroja serias dudas sobre el carácter democrático de ese marco regional, donde se aceptó la arbitraria decisión de dejar fuera a un gobierno elegido soberanamente en las urnas. De modo paradójico, no hubo ningún reparo en la participación de la delegación cubana, que representa a la única dictadura militar del Hemisferio, y su gobierno en más de medio siglo jamás se ha sometido a elecciones libres, prohíbe el multipartidismo, reprime toda manifestación de libertad de prensa y encarcela a sus disidentes políticos. 

 

Detrás de esta pertinaz ojeriza, que contó con el beneplácito y responsabilidad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como representante del país anfitrión, se percibe la perniciosa labor de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), engendro subversivo fraguado en las cocinas de la inteligencia cubana y subvencionada por los dividendos del petróleo de Venezuela. Este instrumento de intervención político militar aunque demuestra estar en franco declive ante la pérdida de buena parte de su credibilidad, luego de los rotundos fracasos en los intentos subversivos e injerencistas que experimentó primero en Honduras y más recientemente en Haití, aún persiste y logra deformar el carácter democrático del Continente, al influir decisivamente para convertir a la república de Honduras en un paria.

 

Los argumentos utilizados para la exclusión del hermano país centroamericano en el cónclave regional son una distorsión de los hechos allí acaecidos. Fue precisamente el jerarca venezolano, Hugo Chávez, quien alimentó las ambiciones de poder del entonces presidente Manuel Zelaya, iluso al que convenció de que recibiría el apoyo político y financiero del ALBA y de los gobiernos de izquierda de la región, en su intentona inconstitucional de perpetuarse en el poder. La actuación rápida y decidida de los poderes civiles y militares hondureños logró frenar la pretendida vulneración del Estado de Derecho. Por ello, Honduras y su pueblo recibieron de inmediato el impacto de la furia del ALBA y sus satélites políticos.

 

Pese al desempeño ordenado y consecuente con la ley de su nación, las autoridades provisionales fueron acosadas y aisladas durante un año. Los hechos y resultados palpables en el país desmintieron que la acción tomada contra Zelaya fuera uno de los tradicionales golpes militares tan a la usanza en el Continente hasta hace unos pocos años. El presidente interino, Roberto Micheletti, anunció de inmediato sus intenciones de convocar elecciones multipartidistas en seis meses. Sin embargo, sufrieron acusaciones y acosos, embargos comerciales y financieros, acciones y presiones injerencistas por parte de gobiernos del área. Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Cuba y Brasil se comportaron tan imperial y arrogantes con una nación hermana como históricamente han acusado a la política exterior de los Estados Unidos. 

 

Además de crearse un frente cerrado de condena y marginación al gobierno emergente de Honduras, calificándolo de golpista, el infundado repudio fue tan sospechosamente coordinado que al principio arrastró hasta a otros países democráticos de Occidente, los que apoyaron el rechazo continental. Sólo a medida que se fueron conociendo las circunstancias y la masiva respuesta del pueblo de Honduras, contraria al destituido Zelaya y de apoyo al nuevo gobierno provisional, fue que poco a poco estas naciones democráticas abandonaron posiciones tan apresuradas y extremas para asumir un prudente compás de espera ante los acontecimientos.

 

Y la comunidad internacional fue testigo de que el gobierno provisional de Honduras cumplió su palabra. Sus elecciones multipartidistas fueron inusualmente masivas, transparentes, observadas internacionalmente y los resultados aceptados por la opinión pública. Sin embargo, las fuerzas antidemocráticas que se proclaman campeonas del orden constitucional persisten en negarle el reconocimiento a esa expresión de libre voluntad de los hondureños.

 

 ¿Tiene el ALBA y compañía el derecho a decirle al pueblo de Honduras quién debe gobernarlos? ¿Quién mejor que los propios hondureños para determinarlo? Olímpicamente se olvida que la salida electoral ha sido aceptada por la comunidad internacional como la solución usual y menos traumática a las crisis dejada por otros recientes casos de turbias demociones, como fueron las de Jamid Mahuad y Lucio Gutiérrez en Ecuador, la de Sánchez de Losada en Bolivia o De la Rúa en Argentina. Con estos antecedentes regionales, ¿por qué es refrendado en la Cumbre Iberoamericana este empecinamiento en mantener fuera a la legítima representación de Honduras?

 

Como presidenta del país anfitrión del evento, la presidenta Kirchner es la máxima responsable de este desafuero de Argentina. Resulta inconcebible que en la Cumbre Iberoamericana se rechace la participación de una nación hermana, que cumple los estándares democráticos de respeto a la soberanía y voluntad popular. Más cuando al mismo tiempo se acepta como par, y con extraordinario beneplácito, a un régimen militar, ilegal y abusivo de todos los derechos humanos como el gobierno de Cuba.

 

Ante esta contradictoria realidad, el documento final aprobado en la Cumbre refleja una colosal hipocresía y en particular una burla hacia el pueblo cubano. Además de la resolución de condena al embargo americano, los asistentes se comprometieron en el no reconocimiento de cualquier gobierno del área que emerja como resultado de un golpe civil o militar. En estos planteamientos hay un evidente y descarnado doble rasero. Los cubanos no desean ser gobernados por una dictadura como la de los hermanos Castro. Aspiran a una transición pacífica, gradual y segura hacia la democracia. Pero a la luz de las conclusiones aprobadas por la Cumbre de Mar del Plata, en caso de sucederse un golpe de estado en Cuba, ¿la comunidad de gobiernos del área actuaría del mismo modo como lo ha hecho con Honduras? Y de presentarse una transición hacia la democracia, a semejanza de la ocurrida en el fenecido Campo Socialista, ¿presionarían brutalmente para que los Castro fueran restituidos en el poder como los verdaderos representantes del pueblo cubano?

 

Los gobiernos de Costa Rica, Panamá, Perú, Chile, España y otros, pese a su comportamiento alejado del retrógrado y manipulador grupo en torno al ALBA, se dejan presionar y han aceptado la injusticia cometida con Honduras. Y con esa errática política han terminado por institucionalizar la ilegitimidad democrática a nivel regional.


En este tipo de coyuntura, ¿qué podrá sacar en limpio a favor de su pueblo la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, que en el presente sufre la injustificada agresión y despojo a manos del gobierno de Nicaragua, sin que los países latinoamericanos se movilicen en contra del desafuero como lo hicieran con el gobierno hondureño?

 

El hermano pueblo de Venezuela, ¿encontrará algún amparo en los gobiernos iberoamericanos ahora que Chávez desconoce deliberadamente el Estado de Derecho? Al peor estilo de su mentor Fidel Castro, tan sólo esperó a retornar de Mar del Plata para radicalizar el desmembramiento de la democracia venezolana. Aunque su actuar anticonstitucional constituye un verdadero golpe de estado dirigido a secuestrar el poder, no se escucha una sola condena ni rechazo de parte de los flamantes mandatarios de la región.  

 

Es alarmante que el resentimiento acumulado por los gobiernos latinoamericanos de corte izquierdista tenga tanto peso como para aplicarle medidas de ostracismo de nivel continental a un país como Honduras, pequeño y sin recursos. No se ha  tenido en cuenta esto, ni que los hondureños supieron solventar con firmeza democrática los rezagos de una crisis nacional provocada por el intervencionismo del ALBA. En ese país no gobierna una junta militar ni civil surgida del operativo militar que depuso al aspirante a dictador Zelaya. Y se ratifica el hecho de que los poderes públicos elegibles de esa vilipendiada nación centroamericana están ocupados por funcionarios salidos de elecciones libres, multipartidistas e impolutas.

 

Por tanto, y en lo particular para los cubanos que sufren un régimen castrista y antidemocrático, la exclusión de Honduras de la comunidad latinoamericana establece un nefasto precedente. La justa causa libertaria sostenida por los demócratas de la Isla no debe aspirar a la solidaridad de los gobiernos de Iberoamérica, no si insisten en practicar una abusiva discriminación con los pueblos que defienden su soberanía. Esta es una penosa realidad a tener en cuenta.


domingo, 2 de enero de 2011

El despotismo en Bielorrusia y la aspiración democrática de la sociedad cubana

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

29 de diciembre de 2010

 

La Habana. Situada en la periferia de una Europa oriental que en su mayor parte ya ha avanzado dentro del estado de Derecho, la fragilidad de la institucionalidad bielorrusa llega a un punto crítico. La tensión social se disparó luego de que volviera a salir “reelegido” Presidente Anatoli Lukashenko, después de ocupar el cargo por casi veinte años.

 

El último sufragio, al igual que los anteriores, ha estado matizado por protestas masivas en denuncia de acciones fraudulentas y la brutal represión de las autoridades. Esta constante en la falta de trasparencia de los comicios y su reiterada permanencia en el poder, reafirman la convicción de que Lukashenko es un simple y brutal dictador.

 

Pero hay que valorar que tal desprecio por el estado de Derecho no ocurre en solitario. No se puede ignorar el peso que tiene el vecino gigante ruso. De hecho, el nefasto resultado de las recientes elecciones en Bielorrusia reafirma que la geopolítica de hegemonía en zonas de influencia zarista-estalinista no murió con la URSS.

 

La tenebrosa sombra de Putin, que parece continuar siendo el Zar político, deja mucho que pensar sobre la evolución de la democracia Rusa. Realidad que se manifiesta desde la conformación de la joven república de Rusia, luego de la desintegración del imperio soviético, que muy pronto se aventuró a realizar acciones como la ocupación militar y “limpieza étnica” de Chechenia y la posterior invasión a Osetia del Norte.

 

De hecho, ningún país ex-soviético hace una política completamente independiente al visto bueno de Moscú sin atenerse a la posibilidad de desagradables consecuencias. De modo similar a otros comunistas reciclados que ejercen satrapías permanentes en los llamados “Stanes” (Turkmenistán, Tayikistán), el desafiante Lukashenko cuenta con total visto bueno de los poderes rusos para reacomodarse en el poder.

 

Son evidentes las ventajas que ofrece un aliado fiel y enemigo de las libertades en la silla presidencial de un país que bordea Polonia y los pujantes países bálticos. Le permite al régimen imperial del Kremlin cubrirse de la peligrosa influencia democrática que irrumpe de una Europa Occidental triunfante en la Guerra Fría.

 

Además, para la mentalidad agresiva y militarista Rusa, sostener un estado tapón aliado les otorga un margen territorial defensivo que los cubre de la creciente influencia de la OTAN, como se refleja con la inclusión en el Pacto militar de Polonia y República Checa, y la posibilidad de que se extienda a esos territorios el Escudo de Defensa Antimisiles promocionado por los Estados Unidos.

 

La oposición cubana coincide con los mismos anhelos de justicia, libertad, democracia y progreso al que aspiran para su país los opositores al régimen de Lukashenko. Por tanto, su lucha pacífica contra el continuismo y por el respeto a la democracia es idéntica a la que emprenden a diario los cubanos de bien.

Ellos sufren el mismo despotismo que nosotros. Solidarizarnos con los reclamos de justicia y libertad de los demócratas bielorrusos constituye una alianza natural y manifiesta por llevar también a la palestra nuestros propios reclamos democráticos.


La sucesión, verdadero dilema de la élite gobernante en Cuba

Observatorio de Análisis Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

por Darsi Ferrer

 

28 de diciembre de 2010

 

La Habana. En las últimas semanas la jerarquía política echó a rodar una agitada campaña que responde a supuestas reformas en la economía nacional, las que serán adoptadas en el breve plazo acorde a un número de lineamientos ya elaborados y pendientes de ratificación. Aunque esa acción provocó un enorme revuelo en la opinión pública, para nada representa el desafío crucial de la pandilla encabezada por los hermanos Castro, cuyo verdadero dilema es legitimar la sucesión dinástica para garantizar la continuidad del Sistema.

 

Si revisamos la historia veremos que los regímenes totalitarios se buscan y se sugestionan mutuamente. Así, Hitler se inspiró en el Gulag soviético para desarrollar un terso sistema de campos de concentración para sus enemigos políticos y víctimas raciales. A su vez, Stalin admiró el exitoso y feroz proceso de purga iniciado por Hitler contra su propio Partido y se lanzó en mayor escala a un masivo exterminio de enemigos reales e imaginarios extraídos en su mayoría del Partido Bolchevique, el Ejército, la policía política y la aterrorizada población de la por entonces pujante URSS.

 

Asimismo, el salvaje régimen de extermino de los Khemer Rouge en Kampuchea no fue más que una imitación concisa, y en una escala más feroz, de la Revolución Cultural convocada por Mao Tse Tung en China, la que se calcula llevó a la tumba a unos 40-60 millones de personas.

 

En Cuba las imitaciones de este tipo, aunque felizmente frustradas en todas sus posibilidades por elementos tan dispares como una cultura occidental, estar geográficamente situados en medio de América y existir limitaciones en la disposición de recursos, territorios y personas, no dejan de provocar daños y sufrimientos en la población y la riqueza del país.

 

La casi reciente purga en el cuerpo de funcionarios de primera línea (Carlos Lage, Pérez Roque, entre otros), los que se suponía eran el relevo natural de los actuales gobernantes, o por lo menos esa siempre fue la promesa que les hicieron, demostró que más allá de las apariencias el núcleo duro del poder nunca los tomó en serio para el diseño sucesorio real. Y si a esa Guardia Talibán, luego de acometer cuanta barbaridad les fuera encomendada, la sacaron del juego con las más onerosas calificaciones de infidelidad… ¿qué queda? ¿A quién le entregarán su feudo los Castro?

 

Siguiendo la teoría de las malas y acrecentadas imitaciones, se puede sospechar que lo más probable es que, preocupados por su patrimonio, apuesten por el proceso de conservar las riendas del poder apuntalando a un heredero sanguíneo. Los sitios en que ha ocurrido, ejemplos tan poco recomendables a imitar como Siria y Corea del Norte, parecen haber funcionado bien, así que los hermanos deben estar pensando…¿por qué no en Cuba? A fin de cuentas, ya Castro es una marca registrada en el poder. Seguro acarician la idea de que los nacionales lo tomarán mansamente, como sucedió hace cuatro años contra todos los pronósticos.

 

La apresurada convocatoria para celebrar el Congreso del Partido, después de postergarlo durante años sin justificación, en medio de una profunda crisis que hunde al país en la miseria cada segundo que transcurre, tiene mucha similitud a los pasos tramados por Kim Song II en Corea del Norte, donde la reciente realización de un Congreso del Partido de los Trabajadores marcó los esfuerzos por legitimar la sucesión en manos de uno de sus vástagos y, de ese modo, garantizar la continuidad de la dinastía.

Forzar una sucesión a la coreana parece que es el guión a imponer en Cuba. La opción quizás será seleccionar discretamente como integrante del Buró Político a algún descendiente de los Castro; los pronósticos apuntan al hijo de Raúl. Se supone que anuncien su nombramiento sin mucho ruido en la Conferencia Nacional del Partido que a finales del próximo año dará continuidad al Congreso y, una vez dentro, de modo solapado los viejos aparatchnik de la tropa serán advertidos sobre quién es en realidad el bateador designado para ocupar la primera plaza cuando llegue el momento. Así, el modelo dinástico estaría montado en cajas de bolas, garantizando una arterioesclerosis tranquila y sin sobresaltos a los parientes fundadores.

 

Este paso (porque alguno hay que dar para soltar el manoseado cetro) formaría parte de otra demencial y desproporcionada movida de la anciana dirigencia en el poder. Las contradictorias propuestas económicas y políticas en que se lanzan intentando destruir la realidad a puntapiés, reflejan claramente que tampoco el reservado modelo sucesorio va a funcionar en Cuba.

 

Pese a las diferencias del caso, las recientes revelaciones de Wikileaks delatan la renuencia de la dirigencia china a legitimar la pretendida sucesión dinástica en Corea del Norte, por el fracaso consecuente y el peligro de que el nombramiento del nuevo heredero desate una cruenta lucha de facciones que podría amenazar la estabilidad de la región por el inquietante armamento nuclear y, además, determinaría importantes afectaciones a los intereses geoeconómicos de Beijing. Ese insólito hecho, ya que China ha sido el sostén del régimen coreano, hace menos creíble la pretendida apariencia de solidez y garantía de continuismo de la dinastía de los Kim.

 

Estar alertas sobre esta posibilidad dentro de la lógica de la Dictadura cubana es una necesidad vital a tener en cuenta por el pueblo. La aceptación de una sucesión hereditaria al estilo coreano significaría un paso en la escalada hacia el total desastre nacional, que sólo provocará más sufrimiento y muerte a los habitantes de la Isla.


domingo, 26 de diciembre de 2010

El fracaso del presente proyecto sucesorio en Corea del Norte

por Dr. Darsi Ferrer

Observatorio Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

22 de diciembre de 2010

 

La Habana.  El ataque militar materializado en semanas recientes por Corea del Norte contra Corea del Sur ha provocado muchas especulaciones en los medios internacionales. Por encima de enrevesadas operaciones para presionar a los Estados Unidos de Norteamérica para que no desvalorice su moneda o las presiones sobre Japón, la verdad más pedestre asoma entre las famosas y controvertidas revelaciones de Wikileaks en los últimos días.

 

En uno de esos documentos puestos a la luz se muestra que China quiere desprenderse de un aliado totalitario que ha dejado de ser “útil y fiable”. El coloso asiático deja entrever que prefiere una unión gradual y pacífica de las dos Coreas, mas iniciada y controlada de manera benevolente por Seúl. Para colmo, el documento también pone en claro que a la joven dirigencia partidista china no le viene mal que todo este proceso reciba la benéfica influencia y asesoramiento norteamericano.

 

¿A qué se debe este sorprendente cambio en el patronazgo chino? Hasta hace poco no se cuestionaba la existencia de esa aberración medieval con armamento atómico denominada Corea del Norte. Pese a su fracasado sistema no se vislumbraba un fin inminente, sino más bien inesperadas posibilidades de una larga existencia, siempre estéril y trabajosa, basada en el chantaje mundial con su agresivo programa nuclear.

 

Los analistas consideraban, con aparente razón, que el principal objetor a cualquier cambio brusco en el frágil equilibrio del paralelo 38 era, indudablemente, su vecino del sur.  Seúl no querría poner en peligro el gran desarrollo y bienestar logrado en el país, sin dudas aun teniendo fresca en la memoria los horrores de la guerra fratricida de hace casi 60 años entre ambos regímenes. Otros países geográficamente cercanos, como Japón, o cuya área de influencia se vería peligrosamente amenazada, como Australia y USA, formaban parte del esquema concebido como tinglado supuestamente contentivo de la díscola Corea septentrional. Sin embargo, las sorprendentes revelaciones de Wikileaks dejan en claro el pleno retroceso de la realpolitik China, dejando al descubierto su papel de verdadero sostenedor del fantoche atómico peninsular.

 

Una entrega tan descarnada del antiguo pupilo pone sobre el tapete el absoluto nivel de dependencia del modelo disfuncional coreano, que es garantizada su endeble existencia por China, a cambio de servir de comodín para presionar oportunamente a Japón y a Occidente con el peligro atómico. Las últimas noticias de una forzosa e insuficiente sucesión dinástica del dictador Kim Song II hacia un tercer vástago apresuradamente convocado a la corona han levantado la alarma en el círculo de poder de Beijing. Y todo indica que la inesperada sucesión designada por la mala salud del Líder Máximo coreano amenaza con no ser tan conveniente e indiscutida como la que gozó el propio Kim de su torcido papá.

 

El  nuevo heredero, pese a que fue designado a dedo con el poderoso cargo de Ministro del Interior, y puesto a la diestra un tío generalote para ayudarlo a controlar el brutal estamento militar del país, al parecer no goza del apoyo de otros personajes poderosos que también acariciaban el sueño de fundar su propia dinastía. El peligro se ha revelado tan inminente e incontrolable para la inteligencia y los órganos de poder chinos, para colmo agravado por el desastre que representaría para el nuevo gigante asiático una guerra civil con atómicas entre facciones norcoreanas, que la idea de seguir sosteniendo el régimen peninsular se ha vuelto pesadamente onerosa para la presente política china.

 

La previsión del fin del régimen en unos tres años tras la próxima muerte del actual dictador parece más que un simple pronóstico de un hecho dejado a los embates del azar. El diktat  chino sobre este enojoso asunto no le debe haber dejado dudas a la clase gobernante norcoreana. Ningún aspirante debe seguir soñando con fundar una dinastía real o con un continuismo ad eternam para el sistema dictatorial. No tendría ninguna posibilidad de supervivencia si se atrevieran a desobedecer y en represalia China les cerrara la única frontera que los conecta al continente y a los suministros elementales. Irónicamente, el futuro destino democrático de esa nación ya ha sido designado por su enorme vecino con régimen comunista.


Nota de rechazo al ejercicio de poder arbitrario en Venezuela

por Dr. Darsi Ferrer

Observatorio Político, afiliado a la plataforma Consenso Cívico

 

20 de diciembre de 2010

 

La Habana. La aprobación de una ley habilitante por la Asamblea Nacional saliente, que otorga al Presidente Chávez facultades omnímodas para gobernar por espacio de 18 meses, es un acto desfachatado e ilegal que desconoce la soberanía popular y pretende ignorar el mandato otorgado a los nuevos diputados elegidos por el 52 % del total de los votantes.

 

Esto responde a una radicalización a la cubana de su engendro político ante el desgaste de su figura y posible derrota en las presidenciales del 2012. Mi solidaridad a la mayoría del pueblo y a la oposición venezolana.


Autoridades del régimen ejecutan el chantaje de impedir la salida del país de Yusnaimy ante mi negativa de aceptar el destierro

por Dr. Darsi Ferrer


20 de diciembre de 2010

 

Foto: Darsi, Yusnaimy y Dariel
 
La Habana. En horas de la mañana de hoy Funcionarios del Departamento de Emigración y Extranjería le comunicaron a Yusnaimy Jorge Soca, mi esposa, que no le autorizan el permiso de salida del país, conocido como Carta Blanca, situación que impide su posibilidad de viajar al exterior en busca de tratamiento médico.

 

La respuesta se la hicieron saber en la oficina regional de 10 de Octubre de manera verbal y sin explicarle los argumentos que justifican dicha decisión, aunque ella tuvo que realizar todos los trámites migratorios por escrito como está establecido. Con ese método las autoridades del régimen optan por el chantaje de exigir mi destierro como condición previa para admitir que salgan de Cuba Yusnaimy y Dariel, nuestro niño de 9 años.

   
La razón de Yusnaimy para tramitar la salida definitiva hacia el exilio es humanitaria, debido a su comprometido estado de salud y a la carencia de tratamiento médico en Cuba. Por otras razones jamás habría pensado en la alternativa de abandonar la Isla, como lo demuestra su valiente y digna actitud de compromiso inclaudicable con la causa de la libertad y el respeto a los derechos de todos los cubanos, que la ha llevado a ser víctima de reiterados actos de intimidación, arrestos arbitrarios, golpizas, campañas de descrédito y hasta amenazas por parte de la policía política de quitarle al niño.

 
El deterioro de su salud ocurrió de modo repentino hace seis años, cuando debutó con un cuadro clínico severo de hipertensión endocraneana. La ingresaron de urgencia y con pronóstico de gravedad en el Hospital Miguel Enríquez, aquejada de cefalea intensa, vómitos en proyectil, rigidez de nuca y pérdida significativa de la visión. Por los síntomas, el hecho de ser una mujer joven y el resultado de los exámenes complementarios, los médicos emitieron el diagnóstico de hipertensión endocraneana benigna. Esta patología, según recoge la literatura médica, no responde a una tumoración cerebral, es de etiología desconocida y tiene como característica que solo ocurre una vez, o sea, no repiten las crisis.


Después de recuperarse de la enfermedad neurológica le quedó como secuela una pérdida importante de la visión por daños irreversibles en el nervio óptico y en la retina, además de padecer serios trastornos neurológicos, endocrinos y metabólicos.

 
Al cabo de dos años hubo que volver a ingresarla de urgencia en el Hospital Miguel Enríquez por otro evento similar. En esa ocasión, los médicos pusieron en duda el diagnóstico anterior de hipertensión endocraneana benigna e hicieron énfasis en investigar una etiología tumoral que explicara la sintomatología. Cuando logró recuperarse los neurólogos le confesaron que no encontraron ninguna masa tumoral en su cerebro y que desconocían cuál era la causa de su recurrente enfermedad.


El año pasado gracias a las gestiones de un amigo personal el ingreso se materializó en el Hospital Hermanos Almeijeiras, una de las instituciones médicas más prestigiosas del país. Esa vez, además de los síntomas de hipertensión endocraneana y de la agudización de las alteraciones neurológicas, endocrinas y metabólicas, sufrió la pérdida de unas 25 libras de peso corporal en el espacio de un par de semanas. Y como resultado del tratamiento médico tampoco los galenos pudieron establecer un diagnóstico definitivo de su enfermedad.

 
Como se conoce, la hipertensión endocraneana es una patología médica que se desarrolla a consecuencia de algún trastorno a nivel del cerebro y, en dependencia de la intensidad con que se presenta, puede causar la muerte o desencadenar graves complicaciones por los daños que provoca en el organismo, muchos de ellos irreversibles.

 
Para el estudio y seguimiento de los casos con este tipo de enfermedad se precisa de los servicios de un equipo multidisciplinario conformado por especialistas en neurología, oftalmología, endocrinología y medicina interna, y la disposición de equipos y recursos médicos que brinden la posibilidad de realizar los exámenes y el seguimiento adecuado, así como el tratamiento específico.

 
Hasta el día de hoy la medicina cubana no ha podido garantizarle a Yusnaimy el derecho a una asistencia médica adecuada. Los médicos ni siquiera han establecido cuál es la causa de sus repetidos cuadros de hipertensión endocraneana. Además de no tener un diagnóstico, tampoco cuenta con la posibilidad de que le realicen exámenes complementarios de rutina, como es una resonancia magnética o la tomografía axial computarizada para el seguimiento evolutivo de su enfermedad, y menos contar con los servicios de un equipo de especialistas que la valoren.

   
Motivados por las dificultades prevalecientes y el riesgo de que sucedan circunstancias peores a lamentar con su salud, decidimos enfrentar la necesidad de que viaje de manera definitiva para los EE.UU., con la esperanza de que tenga la oportunidad de encontrar solución a sus problemas médicos. Tanto ella como nuestro hijo Dariel aplicaron al programa de refugiados políticos y hace un mes que les otorgaron las visas para entrar a los EE.UU.

   
La policía política dejó claro durante el interrogatorio del que fuimos víctimas el pasado día 10 del presente mes, cuando nos arrestaron por pretender conmemorar el Día Mundial de los Derechos Humanos, que sólo autorizarían la salida de Yusnaimy y nuestro niño si yo acepto el destierro y también me marcho. Debo aclarar que me niego a aceptar este tipo de chantaje inescrupuloso porque no estoy enfermo ni necesitado de tratamiento médico como es el caso de mi esposa. Tampoco estoy visado para EE.UU. ni ningún otro país. Y lo más importante, no me voy de Cuba porque mi compromiso con la lucha por buscar soluciones a la dramática situación nacional en bien de toda la sociedad es mucho mayor que mi deseo de escapar de esta dictadura militar o de viajar al exilio junto a mí querida familia.


Obligar a las personas en pleno siglo XXI a depender de un autorizo gubernamental, o permiso de salida, para viajar al exterior es una práctica esclavista que viola el derecho elemental con el que nace todo ser humano de circular libremente y de entrar y salir de su país. Asimismo, a una mujer enferma  que no tiene ninguna deuda con el gobierno ni con la justicia de la nación, arrebatarle la oportunidad de recibir asistencia médica fuera de Cuba constituye un acto despiadado y criminal.

 
Queda claro que en la condición actual de rehén a la que someten a Yusnaimy cualquier complicación que suceda con su salud es responsabilidad de las máximas autoridades del gobierno y sus cómplices de la Seguridad del Estado y del Departamento de Emigración.